Faelo, una bodega viva

Texto: Iza Swiecicka; Fotografías: J.V. Rodríguez

La bodega Faelo, situada en Matola, una pedanía de Elche, fue construida en el año 1900 por el bisabuelo de Jaime Soto, propietario de Faelo, para elaborar vinos. De hecho, en la bodega aún se preserva un solera de 1930 que inició Rafael Soto, más conocido como “Tio Faelo”, de ahí el nombre de la misma. De este barril, cada Navidad, Jaime saca un coñac para compartirlo con su familia. En el año 2000, el bodeguero tomo las riendas de esta tradición familiar de elaborar vinos artesanos.

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Barrica con la solera del abuelo Rafael “Faelo” que data de 1930

La bodega no existiría sin su tierra ni sus viñedos. “Lo más importante es que todo está en el campo. Las tierras son las de mi bisabuelo. Es un honor poder seguir cultivando este viñedo, que permite entender la viticultura de otra manera”, matiza Jaime. Este pensamiento también se refleja en la apuesta del bodeguero por el mantenimiento natural de los viñedos.

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Los viñedos de la bodega están rodeados de palmeras, pinos y hierbas aromáticas

El edificio está rodeado de viñedos, plantas aromáticas, flores y arboles. Incluso, hay una pequeña fuente que corre por ese jardín. El bodeguero confiesa que prefiere la agricultura natural a la ecológica, ya que forzar “el viñedo a ser ecológico en una zona, donde es complicado implantarlo, es contraproducente.”

A la hora de elaborar sus vinos Jaime se rige por las pautas de la biodinámica,  una ciencia, que da importancia a lo natural. Por eso a la hora de cuidar el viñedo se guía por las fases de la luna. “Se ha confirmado lo que la gente sabía desde siempre, la luna provoca las mareas y la viña y el vino, se ven afectados por su atracción del mismo modo”, afirma el bodeguero. Y como no, una luna creciente decora el logo de la bodega.

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Las bodegas Faelo elaboran tintos, rosados, blancos y vinos dulces

El círculo se cierra. La tierra, el viñedo, el vino, la gente. Los seres queridos son el motor de su vida. Para celebrar una visita navideña de un familiar, que normalmente vive en León, se le ocurrió a Jaime hacer algo especial y así nació la idea del vino dulce La Palma Blanca con oro. Una edición muy exitosa. “Disfruto con la familia y con la bodega. Esta circunstancia, al final, se nota en los vinos y en la forma de trabajar el viñedo. El motivo, saber lo que se quiere”, subraya Jaime.

La bodega Faelo preserva la tradición vitivinícola de Matola, que desapareció a principios del siglo XX. Cada año se celebra una fiesta de la vendimia, abierta a todos los que quieran participar en ella. Una de sus principales atracciones consiste en la pisada de uva, una tradición casi desaparecida en la zona.

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Jaime Soto se muestra satisfecho con la mejora de las instalaciones y comparte su trabajo con aquel que quiera visitarle.

Este verano pasado, Jaime modernizó las instalaciones. “Nos adaptamos a los tiempos modernos, conservando la tradición familiar”, subraya. Desde el año 2012, la bodega forma parte de la Denominación de Origen de Alicante. Y en fechas recientes, con el objetivo de compartir su artesanía, la bodega se unió a la Ruta del Vino de Alicante. Existe la posibilidad de concertar una visita guiada, pero cada sábado él está allí, para compartir, con quien quiera, su tesoro. Porque como dice Jaime, “es una bodega viva”.

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