Alicante, la primera Denominación de Origen del mundo

Fragmento del Libro de Privilegios y Provisiones Reales de Alicante conservado por el Archivo Municipal de la ciudad / alacant.es
Texto: Iza Swiecicka

La particularidad de los vinos de Alicante se refleja en la creación de la  primera denominación de origen del mundo en 1507, la Junta de Inhibició del Vi Foraster d’Alacant (Junta de Inhibición del Vino Forastero de Alicante), nombrada en valenciano, una de las lenguas oficiales de la Corona de Aragón que era la empleada en Alicante, como destaca Francisco Quiles, bodeguero de la bodega Primitivo Quiles en Monóvar. El funcionamiento de esta institución fue aprobado por el rey Fernando el Católico en el año 1510.

Su principal meta no era solo prohibir la venta de vinos foráneos en Alicante, sino también la idea de controlar la producción de la huerta alicantina. “Cuando entraban los vinos por el Portal de Elche, punto obligatorio de entrada de los productores de vino de Alicante por ser una ciudad amurallada, había un inspector que sabía cuánto vino habían elaborado los productores y anotaba quién entraba vino y en qué cantidad”, explica Francisco Quiles. De esta manera se controlaba que la cantidad producida coincidiera con la que se introducía en la ciudad para su embarque desde el Puerto de Alicante. Ningún vino que no fuese de la huerta se podía reexpedir desde allí.

Esta institución, una de las más importantes del Reino de Valencia junto con la Junta de la Seda, tenía reglas y normas de funcionamiento, equiparables a las de las Denominaciones de Origen actuales. Entre estas, Joan C. Martín Martínez, escritor, enólogo y director del Máster Tastavins de Aula Vinícola, enumera las siguientes: la Junta de Germaners (Junta de Hermanados) que era una especie de pleno del consejo a la vez que órgano de control, equivalente al actual Consejo Regulador; l’home de l’albarà (el hombre del albarán) que era el veedor que controlaba tanto calidades como cantidades del vino; y el Manifest de Vi (Manifiesto del Vino). Este último documento, que el enólogo compara con las actuales Autorizaciones de Acompañamiento o V.A.5 según las siglas de la Agencia Tributaria, controlaba la producción desde la finca de la huerta alicantina hasta su exportación por el Puerto de la ciudad. Además, todo esto fue amparado por el primer reglamento vitivinícola de la historia, els Capitols per a la observancia de la inhibició del vi foraster (los Capítulos para la observancia de la inhibición del vino forastero), que refleja la filosofía del origen,  que nació en Alicante.

La Junta funcionó hasta 1839, momento en el que la reina Isabel II la anuló  para sanear la hacienda española. “España estaba arruinaba y la Junta de Inhibición era una institución foral riquísima”, subraya el profesor. El capital de la institución fue mítico, hasta tal punto que un periodista del periódico el Imparcial de Madrid escribió que “otros dos o tres años más de este tipo de cosechas de exportación a Francia, y Alicante hubiera podido pavimentar con luises de oro toda su magnífica explanada.” Años más tarde, la misma filosofía del concepto denominación de origen se aplicó en Francia y, posteriormente, a las más contemporáneas denominaciones españolas e italianas. En al año 2010, la Junta celebraba su quinto centenario, pero como lamenta el enólogo “pasó sin pena ni gloria.”

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