El código QR, un pequeño emblema que abre grandes puertas al vino

6itr2x_default_LBATexto: Iza Święcicka

El código QR (Quick Response Code, en español Código de Respuesta Rápida) o Bidi, es una imagen que una aplicación escanea y redirige a una página web, a un video o a una aplicación móvil, explica Noel Carrión, director del Máster en Community Management y Dirección de Redes Sociales de la Universidad de Alicante (UA). Según el Marco General de los Medios en España (MGME) del año 2014, en los últimos 30 días antes de ser encuestados, un 2,1 por ciento de las personas emplearon este tipo de códigos para acceder a la información.

Incorporar un QR a la etiqueta de un vino, abre múltiples posibilidades a la información que se quiera transmitir al consumidor. “Si exportamos un vino al extranjero y el usuario encuentra en la botella un código QR, puede acceder a los contenidos que el bodeguero quiera mostrarle: un video hablando sobre cómo se ha hecho el vino, unas fotografías de las bodegas, las notas de cata de Parker, y en definitiva, toda la información extendida que se desee”, apunta el director.

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Una aplicación movil escanea y redirige el contenido a una página web, a un video o a una aplicación móvil, tal y como explica Noel Carrión. / marcado-grabado.es

De esta manera el marketing viaja con la botella, allá donde ésta vaya, impreso en una etiqueta. Usar este método en el mundo de los vinos es como “mandar un catalogo con el vino, posibilitando que la gente te conozca más”, apunta el especialista en redes sociales. Incluso, el código QR permite adjuntar un catalogo de los vinos en diferentes idiomas. El único requisito es tener un sitio físico, donde ubicar el código. Ni siquiera tiene que ser una página web, sino que puede ser en etiquetas, cajas o periódicos, enumera Noel Carrión.

En este sentido, como destaca Fernando Coca, enólogo de las bodegas Sierra de Cabreras, “lo normal es que el  consumidor no pueda probar nuestro producto hasta haberlo comprado”. El packaging es crucial ya sea para convencer al cliente de comprar una botella por primera vez, o para reconocer aquello de lo que ha disfrutado anteriormente. “El código QR mejora la experiencia del usuario antes y después de comprar la botella, al redirigirlo a la página web, donde se le va a mostrar la forma de elaborar el vino”, afirma el enólogo.

La bodega Sierra de Cabreras incluye el codigo QR en la contraetiqueta de su Carabibas VSdesde la añada de 2012.
La bodega Sierra de Cabreras incorporó el codigo QR en la contraetiqueta de su Carabibas VS desde la añada de 2012.

Es una novedad que está danzando desde hace ya bastante tiempo por el mundo de la tecnología, pero que, sin embargo, no está tan extendida en España, como en USA o Asía donde es habitual, apunta Noel Carrión. En Corea del Sur, con códigos QR se han creado supermercados virtuales, que son sencillamente una pared en la que están fotografiados los productos. Así, una persona mientras espera al metro en una estación puede hacer la compra escaneando los códigos y seguir su ritmo.

Pero esta herramienta también es muy útil a la hora de realizar campañas de fidelización de clientes. “Una cafetería puede colgar un código QR a la entrada, y al escanearlo, aparecer un mensaje que ofrece la posibilidad de dejar el email y obtener un café gratis. Si esa persona lo hace, la empresa consigue su correo electrónico para mandarle ofertas, y con suerte fidelizarle como cliente”, destaca como ejemplo Noel Carrión.

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