La evolución de la Monastrell en barricas

Toneles de Fondillón en la bodega Salavador Poveda

Los toneles de roble americano con los que Salvador Poveda elabora su Fondillón tienen más de 1.700 litros de capacidad.

Texto: Iza Święcicka

La Monastrell es una variedad con un potencial de crianza bastante bueno, indica Andrés Carull, enólogo de la bodega Vinessens de Villena. Para aprovecharlo se debe introducir en las barricas un vino con unas características estructurales concretas, que se definen en el viñedo mediante el tipo de poda, la carga de racimos por planta o las técnicas y operaciones culturales a realizar como deshojados o sombreados, según proceda, destaca el bodeguero.

“Podas en verde, clareo de racimos y, por supuesto, la decisión del momento óptimo de vendimia, son factores a tener en cuenta desde el principio para elaborar en bodega un vino que después va a pasar un determinado tiempo en barrica u otro depósito”, explica Carull.

Cuanto mayor es la barrica mejor es la evolución de los vinos de Monastrell.

Por otro lado, como apunta Adrián Martínez Cutillas, director del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA) e investigador del Departamento de Viticultura del centro, los vinos de Monastrell que emplean la uva cuando está bien madura, incluso recién elaborados, son vinos que se pueden beber perfectamente. “Muchas veces, se le dan un toque de madera porque el mercado lo demanda así, pero hay que irse a vinos de 14 o 14,5 grados para que la uva dé su máxima expresión de potencia”, destaca Martínez.

Cuanto más grande es la barrica, menor es la superficie de madera en contacto con el volumen. Este hecho hace que la evolución del vino se produzca más lentamente. “En el IMIDA se hizo una tesis doctoral, comparando barricas de 225, 300 y 500 litros. Para la Monastrell, la última es muy adecuada porque permiten un mayor periodo de crianza al tener una relación madera-volumen menor a las otras dos”, comenta el científico.

La Bodega Alicantina Monastrell y barricas 02

La relación de contacto entre madera y volumen decrece conforme aumenta el tamaño de la barrica.

Las observaciones del bodeguero Andrés Carull confirman los resultados de esta tesis doctoral. “Por la experiencia que estamos adquiriendo año tras año, trabajando con la variedad Monastrell sabemos que tiene un comportamiento mejor, en cuanto a la evolución en barrica, en las de mayor tamaño. Por ejemplo, nosotros hacemos la crianza de nuestra Monastrell en barricas de 500 litros, porque son mucho más respetuosas con el vino que contienen, en cuanto al aporte de oxígeno y la repercusión que la madera tendrá en el vino”, explica el enólogo de la bodega Vinessens.

Barrica mediterránea

Además, como destaca Sèbastién Boudon, viticultor y enólogo de Chapó Wines, “si atendemos al uso de las barricas en la historia de las zonas mediterráneas, no habían pequeñas como las bordelesas de 225 litros, sino que había más bien fudres o barricas de grandes tamaños (demi muid en Francia, 600 litros). En Alicante, históricamente muchas barricas rondaban entre los 130 y los 150 cántaros (1 cántaro = 11,55 litros). La bodega Salvador Poveda, hoy en día, conserva 200 toneles de roble americano de un tamaño de 150 cantaros (1.732,5 litros), donde lleva a cabo la crianza del Fondillón, un vino rancio elaborado con 100% Monastrell.

Tiempo de crianza

El tiempo de crianza en barricas es algo muy relativo. “En las condiciones climatológicas del Mediterráneo, donde si te descuidas un poco la uva madura demasiado, no creo en largas crianzas ni de la Monastrell, ni de ninguna otra variedad”,declara Adrián Martínez Cutillas. Para Andrés Carull, el tiempo de la crianza en la barrica se puede alargar o acortar, dependiendo del tipo de uva que produzcamos y de como la elaboremos después en bodega”.

El tipo de barrica elegida también puede definir el periodo de crianza, por ejemplo si es de roble francés o americano, si la barrica es nueva o de segundo uso, o del tipo de tostado elegido en la fabricación de la misma, como matiza el enólogo de la bodega Vinessens. “Como principio general, la barrica francesa permite una estancia mayor del vino porque, por el tipo de elaboración, el intercambio gaseoso con el exterior es más lento que en la americana”, puntualiza el investigador del IMIDA. Esta situación, como destaca Sèbastién Boudon, influye en que el roble francés respete más los aromas primarios de fruta, aunque para ello es necesario tener una uva de gran calidad.

La Bodega Alicantina Monastrell y barricas 01

Sala de barricas de bodegas Volver en Pinoso.

Además, un factor a tener la cuenta son los gustos. Por un lado, el de los elaboradores y, por el otro, el de los consumidores, en lo referente tanto al tiempo de crianza como al origen de la madera. “Conozco vinos de Monastrell, tanto de fuera de Alicante como alicantinos con crianzas en barrica que van desde los dos meses hasta los dos años o más”, subraya Andrés Carull.

En cuanto el aporte de la madera el director del IMIDA Andrés Martínez Curtillas destaca que “un toque de madera gusta por ser un matiz que enriquece al vino. En este sentido, el que sea de roble americano, francés o europeo, va a depender al mercado que vaya destinado el vino.”

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