Rafael Poveda Bernabé, enólogo de las Bodegas Salvador Poveda: “El vino está presente en todas las cosas que el ser humano hace desde el punto de vista creativo” (Parte II)

La Bodega Alicantina Rafael Poveda 01

Texto: Iza Święcicka

Rafael Poveda Bernabé (Monóvar, 1958) es enólogo en las bodegas Salvador Poveda con casi 100 años de tradición. Comenzó sus estudios en la Escuela de Enología de Madrid en septiembre de 1975, y como recuerda “en noviembre murió Franco y viví unos años apasionantes, el fin de la dictadura y la llegada de la democracia”. Es precursor de la plantación de Riesling en Alicante y de la elaboración del vino de esta variedad, una de las referencias más emblemáticas de la bodega, junto a Toscar, Borrasca o Fondillón. Además, es una persona polifacética: historiador, fotógrafo, articulista y colaborador de Radio Nacional de España. Todas sus actividades se centran en difundir sus pasiones, entre las cuales predomina el vino.

P: ¿Cuáles son las otras pasiones de Rafael Poveda?

Nací en una familia en la que había un gran ambiente cultural, literario y fotográfico. Mi padre era una persona bastante formada, un buen lector, músico y hacía fotografía. Sin que pueda calificarlo de intelectual, en el fondo lo era. Lo que ocurre es que no hizo mucha obra. Tiene obra fotográfica y algo escrita. Todo esto él nos los trasmitía siempre en casa. Por eso en el año 1981 escribí mi primer artículo sobre Fondillón.

P: En los años 80 tenía una columna semanal en un periódico de Elche que se llamaba Baix Vinalopó.

Escribí durante más de año y medio, todas las semanas, con lo que escribí entre 50 y 60 artículos sobre vinos. Siempre me inventaba alguna historia en tono irónico mezclando realidad y ficción por lo que hacía un poco de didáctica, periodismo y literatura.

P: ¿Cómo surgieron sus investigaciones históricas sobre su ciudad natal?

Me interesaban mucho los orígenes de Monóvar a partir de la expulsión de los moriscos, para ver cómo se desarrolla desde entonces el viñedo. Las costumbres que tenemos ahora de cómo comemos, nos vestimos y nos conducimos arrancan ahí, en 1609 cuando se repuebla Monóvar con cristianos viejos y todo cambia, incluido el cultivo de la vid para producir vino en gran cantidad. A finales del XIX es el término municipal del Reino de Valencia que más hectáreas cultivadas tenía según Joseph Cavanilles.

Me interesaban los orígenes de Monóvar desde la expulsión de los moriscos para ver cómo se desarrolla el viñedo.

P: En cada una de las obras que ha publicado destaca otro aspecto sobre la ciudad.

En 1993 escribí mi primer libro “Mortuoris” que es un estudio sobre los libros de defunción de la iglesia de Monóvar empezando en el siglo XVI y hasta 1850. Al año siguiente publiqué “Visites” que era un estudio sobre las actas que el obispo de Orihuela levantaba cada vez que visitaba Monóvar sobre las cosas cotidianas que veía. En 1995 publiqué “Els llibres de clavería” que es una transcripción completa, con un estudio, notas a pie de página e índice onomástico, de los libros de cuentas del siglo XVI en Monóvar escritos a mano y en valenciano. Hoy en día, en los ayuntamientos el clavari es el depositario, el que paga. Dos años después, publiqué una biografía y transcripción del texto inédito “Monóvar 1919” de Jose García Verdú que habla de la ciudad en aquel año.

P: También en la década de 1990 escribió el libro del Fondillón con Pedro González Prats.

Aunque aparezco en el prólogo, el libro lo escribimos entre los dos. Lo que ocurre es que, en ese momento, por una serie de cuestiones no me convenía aparecer como coautor. Pero los derechos del texto con la editorial los tenemos al 50 por ciento. Dentro de un par de años, quiero rehacer el libro y publicarlo en inglés. Pero son proyectos a largo plazo.

P: Cada día en Facebook reproduce un fragmento del libro “Els dietaris de Bernardo y José Rico” que publicó en 1998.

Ese señor era el administrador de la finca de Azorín y cada día apuntaba el clima, lo que hacían y cosas que pasaban. Encontré esos dietarios en la casa museo Azorín. Nadie les hacía caso porque no es obra literaria del gran escritor, sino de un empleado suyo. Pero a mí me gusta siempre mirar alrededor. Me gusta la parte externa de los grandes personajes, más que ellos en sí mismos. De Azorín se ha escrito todo y se ha estudiado a fondo, pero nadie sabía nada de su empleado ni de su finca.

Me gusta mirar alrededor de los grandes personajes más que ellos en sí mismos.

P: Entonces, por la misma razón publicó el “Recetario de cocina de la madre de Azorín”.

Así es. Su madre llevaba un recetario de cómo hacer las comidas. Todo esto se despreciaba y yo me dediqué a trabajar sobre el entorno de la gran figura literaria. Como nació en Monóvar, mi padre fundó el museo Azorín y yo soy presidente de la tertulia “Amigos de Azorín” creí que debía hacerlo. Después de ese recetario, recopilé otro de una monovera llamada Victoriana Limorti.

P: Al mismo tiempo colaboraba en RNE3 en un programa llamado “La bañera de Ulises”.

El productor de ese programa, Emilio Garrido, siempre hablaba de viajes pero no en plan turista, sino como viajes literarios. Metía cosas de Homero o de Joyce, de ese ambiente. Y siempre un poco en el Mediterráneo. A mitad de viaje aparecía yo con voz de Radio 3, misteriosa, para hablar de vinos. Me preparaba muy bien los programas y a la gente le encantaba.

P: En 2003 publicó “Monóvar en la crónica de Josep Montesinos”, ¿de qué trataba esta obra?

A finales del XVIII, este señor fue un cronista de Orihuela que escribió un compendio de 30 tomos llamado “Anales de la Diócesis de Orihuela” donde hablaba de todos los pueblos. Conseguí acceder a la parte de Monóvar y descubrí que hace una descripción preciosa del término municipal y habla de personajes importantes de manera que nadie conocía. Es cierto que Montesinos tenía fama de fantasioso y a veces creo que parte del texto se trata de una idealización literaria. Me lo pasé muy bien haciendo este libro.

Todos mis libros son como hijos para mí.

P: Pasarían varios años hasta que en 2009 vio la luz “Manual de Consells”.

Es mi libro más voluminoso, pero no el más importante porque todos son como hijos para mí. Se trata de una transcripción de las actas del pleno del Ayuntamiento de Monóvar completas desde 1611 hasta 1707 cuando se produjo la batalla de Almansa, se perdieron los fueros y cambió el formato. En él se puede ver todo lo que pasaba en el pueblo, según el Ayuntamiento. Tenían los mismos problemas que ahora. No había dinero y la gente se quejaba y protestaba por los impuestos. En aquella época, el problema principal era comer, pero en el fondo esto era un problema de recursos igual que ahora. Después de 400 años aún se conservan los mismos problemas.

P: ¿De dónde ha sacado tiempo para llevar la bodega y realizar las investigaciones al mismo tiempo?

Por desgracia en mi vida no he tenido hijos. Entonces trabajaba mucho en la bodega pero cuando volvía a casa, en vez de ver la televisión, dediqué 20 años a escribir, investigar y trabajar. Al mismo tiempo hacía fotos, exposiciones, recuperaba archivos antiguos de fotografía y los escaneaba. Siempre he tenido una actividad diaria intelectual. Pero reconozco que si hubiera tenido hijos, lo hubiera preferido a todos los libros que he hecho, no lo habría podido hacer. Compensé mi pena con los libros.

Rafael Poveda sirviendo un Fondillón en la Sacristía de su bodega en Monóvar.
Rafael Poveda sirviendo un Fondillón en la Sacristía de su bodega en Monóvar.

P: ¿Cómo surgió la investigación sobre literatura y Fondillón?

Tenía muchas anécdotas que me habían contado oralmente pero yo quería encontrar la fuente porque no escribo nada si no lo apoyo con su origen. Entonces mi padre me decía que el rey de Francia Luis XIV bebía Fondillón. Al investigar, me di cuenta de que muchas noticias orales se habían transmitido en varias generaciones en las tertulias donde se reunía la burguesía de Monóvar que eran las personas que leían. Y esos eran Azorín y su entorno. Entonces me iba al Museo Azorín y buscaba lo que hubiese del siglo XVII.

El único vino de Alicante que estaba en palacio y en la aristocracia era el Fondillón.

P: ¿Cuál fue la primera fuente que encontró?

En la biblioteca particular personal de Azorín que contenía mucha literatura erótica del XVII encontré “Memorias de mi siglo” del Duc de Saint Simon que fue biógrafo de Luis XIII, XIV y XV, y embajador del Rey Sol en España. Al empezar a leer, siendo la primera edición y en francés, me encontré con lo que mi padre me decía, la fuente original. Me leí el libro entero y encontré otra cita donde Saint Simon, al hablar de la enfermedad del rey dice que la única manera que tenían los médicos de obligarle a que se tomara su medicina era mezclándosela con su vino favorito, el Alicante”.

P: ¿Alicante, no Fondillón?

En ese contexto, ese vino siempre es Fondillón, porque la aristocracia y los reyes no bebían vi de pagés (tintos jóvenes) sino que bebían vinos rancios y elevados. Por eso Dumas dice Alicante, no Fondillón. Pero es que cuando dice que Montecristo le ofrece a Cavalcanti un Jerez, un Oporto o un Alicante, y éste responde que sin duda Alicante es su preferido, está hablando de Fondillón, no de un vino normal. El único vino de Alicante que estaba en palacio y en la aristocracia y la gente rica, era el Fondillón.

P: Y ¿cómo avanzó esa investigación?

A partir de entonces empezó una vorágine de buscar más y comentarlo con otras personas interesadas. Un día vino un amigo químico de Jijona, Lluis Garrigós, y me dijo que el médico del rey Jorge al volverse éste loco, en sus memorias afirma que durante el tiempo de la enfermedad, el aspecto de lo que orinaba tenía el mismo aspecto que su vino favorito de Alicante. La gente venía y me contaba lo que iba encontrando. Conca, un italiano, escribe una memoria del príncipe Pio y del Papa, y de las posesiones del Papa. Cuando llega a Alicante dice que en tal huerta hay unos viñedos donde se produce el mejor Fondillón que se le envía al Papa.

El vino y la literatura es un campo que jamás se acabará de explorar.

P: ¿Desde cuándo hay constancia escrita del Fondillón?

Leyendo a Jaume Roig encontré en el “Espill” o “Llibre de les dones” que se daba la primera noticia sobre la Monastrell al decir que querían cambiar la planta joven por la Monastrell, en una parábola que significa que deseaban imponer lo nuevo por lo de toda la vida. Esto ocurría a finales del XV y demuestra que la uva ya estaba ahí. Entonces me metí a fondo en todas las referencias bibliográficas que había dentro de la literatura medieval valenciana como Ausias March o Joanot Martorell. Y, por fin, cuando estaba leyendo el dietari del Pare Porcar, un fraile valenciano del XVII, encontré que decía Fondillón en un pasaje en el que llegan unos curas con ideas nuevas, cismáticas, para modernizar la iglesia y este pare Porcar que es conservador dice: “la iglesia siempre tiene que tener Fondillón” como diciendo que tiene que tener fundamento, un fondo, cimientos.

P: ¿Cómo se compagina vino y literatura?

Como dicen los franceses, después del amor, de lo que más se ha escrito ha sido el vino. Desde tiempo inmemorial, el vino siempre está presente en todas las cosas que el ser humano hace desde el punto de vista creativo. Entonces las citas del vino desde Homero hasta hoy mismo siempre van unidas a la literatura porque de todas las formas de expresión es la más explícita.. Cuando los autores describen el vino, hablan de él, lo contextualizan. Néstor Luján relata que cuando Casanova sale de Valencia en diligencia a finales del siglo XVIII en dirección a Barcelona, dentro de la diligencia va haciendo el amor con su amante y bebiendo Fondillón. En “Las flores del mar” de Baudelaire el vino siempre está presente aunque fuese para reafirmarle en la autodestrucción. El vino y la literatura es un campo que creo que jamás se acabará de explorar porque en cualquier libro de los últimos nueve o diez siglos, aparece el vino.

P: Pero también en la Biblia, en las bodas de Canaán cuando el agua se convierte en vino.

Sobre esto tengo que decir que cuando llegué a Madrid, en septiembre del 75, a estudiar enología, teníamos un catedrático que se llamaba D. José Xandri Tagüeña que era el que mandaba allí. En la pared de todas las aulas había un crucifijo y el primer día de clase Xandri nos dijo: “ustedes quieren ser enólogos ¿no? Está muy bien. Pero les voy a decir dos cosas. Ven a ese que hay ahí (señalando al crucifijo), es el primer enólogo de la historia, porque del agua hizo el mejor vino que jamás se ha hecho y nunca más se volverá a hacer”. Todo esto nos lo dijo con 17 años cuando queríamos cambiar el mundo y ser unos revolucionarios, y nos atemorizó.

Admiro la pureza, el minimalismo y la síntesis de un momento decisivo, sin trampas.

P: Parece que los enólogos no lo tenían fácil.

Tampoco se sabía qué hacíamos exactamente. Cuando fui al ejército, tras los primeros meses de campamento, me dieron destino en Sanidad Militar en Sevilla. Había estudiantes de farmacia, de medicina, de veterinaria y los iba destinando a la farmacia, al hospital o a cuidar a los animales. Al final me quedé solo, firme, en el patio. Se me acercó y me preguntó: “Entonces tú, ¿qué es lo que eres?” Le respondí: “Enólogo, mi teniente coronel”. Se quedó extrañado y me preguntó qué hacía allí, cosa que yo ignoraba. La explicación fue que a la persona que repartía los destinos, enólogo le sonaba a algo de medicina. El teniente me llevó a su despacho y me pidió que le contara como se hacía el vino desde el principio.

Rafael Poveda, durante una intervención en el CDT de Alicante.
Rafael Poveda, durante una intervención en el CDT de Alicante.

P: ¿Y dónde acabó?

Le comenté que era bueno en el laboratorio y que si alguien me explicaba cómo se hacían los análisis, podría ponerme al día en unas semanas. Además, como nadie quería ir allí, me hice el amo del laboratorio. Les hacía análisis de sangre a las mujeres de los generales y a los hijos de los coroneles, y escribía los informes sin faltas de ortografía. Tenía un teniente que siempre me decía: “Poveda escriba usted estos partes, porque su máquina no comete faltas.” Es una anécdota que refleja como a los enólogos nos pasan cosas raras.

P: En medio de todo este contexto literario, la fotografía siempre le ha apasionado.

Me gusta hacer retratos porque lo que me gusta de la fotografía son las personas. Necesito crear una interacción entre lo que hago y el individuo al que retrato. Mi obra fotográfica empieza el día que hago una sesión y finaliza cuando entrego las fotografías y analizó su reacción cuando se observa a sí mismo. Hago una fotografía un poco psicológica.

Siempre estoy en todos los líos donde me llaman.

P: Participa a menudo como jurado para concursos de fotografías ¿Qué busca en ellas cuando las premia?

Que se note que el autor quiere crear algo y que sea bello. No me gusta la gente que intenta hacer fotos efectistas para impresionar a jurados mediocres. Sin embargo admiro la pureza, el minimalismo y la síntesis de un momento o un instante decisivo, sin trampas. El barroquismo y la falsedad que permite la manipulación digital de la fotografía no me va. Luego encuentras autores que son concursistas. Si noto que hacen las fotografías sin ganas, sin amor y porque saben que voy a estar de jurado, las descarto.

P: Hubiera sido interesante que un fotógrafo retratase a otro en la exposición de Vicente Corona de la Escuela de Catas de Alicante (ECA).

Dentro del contexto del proyecto de Corona, creo que mi sobrino Salvador era más adecuado para liderar nuestra aportación por su relación con la ECA y debido a que tuvo más trato con el fotógrafo. Me hubiera encantado que me hubiera retratado y el día que pueda, quiero hacerle un retrato a él. Pero no hemos llegado todavía a ese feeling que con el tiempo seguro llegará. Le tengo una admiración tremenda porque para mí es un artista. Hay gente que hace fotos y gente que es fotógrafa. Vicente es un fotógrafo. Hay obra, hay diseño, hay comprensión, estética, práctica y dominio del lenguaje visual.

P: ¿Cuáles serán los próximos proyectos personales de Rafael Poveda?

Hace poco me trajeron un diario de 1950 de un artesano de Monóvar que todos los días anotaba cosas. Lo estoy transcribiendo y le adjunto fotografías a los acontecimientos que narra. Espero publicar este librito en noviembre. Aparte sigo con mi obra fotográfica basada casi siempre en el retrato y me dedico al diseño de páginas web. Además, con el autor de la película sobre raíces valencianas, Zev Robinson, tengo previsto volver a rodar para finales de 2014. Siempre estoy en todos los líos donde me llaman.

PARA AMPLIAR ESTA INFORMACIÓN

Rafael Poveda Bernabé, enólogo de bodegas Salvador Poveda: “El Riesling de Monóvar es en un 99 por ciento el mismo que Marco Aurelio llevó a Colonia hace 2.000 años” (Parte I)

 

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