Ana Vivero, directora de enoturismo del Grupo Matarromera: ”No solo buscamos al enoturista, sino también a quien quiera conocer nuestra cultura del vino”

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Ana Vivero en el exterior de la bodega Emina con el Monasterio de Santa María de Valbuena al fondo. /LBA

Texto: Iza Święcicka; Fotografías: J.V. Rodríguez

Ana Vivero Villa (Valladolid, 1980) es la responsable de enoturismo del Grupo Matarromera. Tiene un Máster de Sumiller Profesional de la Cámara de Comercio de Valladolid. Estudió Historia del Arte en la Universidad de Valladolid y comenzó trabajando como guía de exposiciones. Pero hace nueve años se introdujo en el mundo del vino. “A la cultura del vino entras sin saber muy bien cómo y te atrapa porque es algo de lo que siempre te apetece conocer más”, reconoce Ana Vivero. El grupo Matarromera, constituido por siete bodegas, ha recibido el galardón a la innovación, calidad y sostenibilidad en la última edición de los Premios de Enoturismo otorgados por las Rutas del Vino de España.

Pregunta: ¿Qué significa este premio para las bodegas del grupo?

Es una consecuencia relacionada con la política y el bagaje que ha seguido el grupo Matarromera a lo largo de los años. Para nosotros es muy importante porque es el primer premio que nos concede ACEVIN después de cuatro años dentro de la Ruta del Vino de Ribera del Duero. Además, es un premio a todo el grupo y no solamente a una bodega por lo que el reconocimiento y prestigio que nos aporta, ayudará a captar nuevos visitantes.

P: ¿En qué momento el Grupo Matarromera apostó por el enoturismo?

Desde el principio se ha impulsado el enoturismo. De hecho, el grupo es uno de los grandes pioneros en esta zona. Además, en Rueda, Carlos Moro actual presidente del Grupo Matarromera, también lo es de la Ruta del Vino de Rueda que se presentó en diciembre del año pasado.

P: ¿En qué consisten las experiencias enoturísticas de sus bodegas de Ribera del Duero?

Tratamos de ir más allá de la típica visita a la bodega para ver una despalilladora, un depósito de acero inoxidable, una barrica o hacer una cata. En la bodega Matarromera se hace una visita al viñedo de unos 40 minutos donde, en contacto con la naturaleza, no solo se habla de vino, sino también sobre el patrimonio natural de los alrededores como el rio Duero, las plantas y la fauna autóctona. En la bodega Emina hay un museo que habla sobre la historia y la cultura del vino en la zona, desde antes de los romanos, y todo ello en un edificio totalmente sostenible que respeta el medio ambiente. Por último, Rento es una bodega muy especial que solo tiene 50 barricas americanas y francesas. En ella, se comparan los aromas que aporta la madera de un roble y el otro, al vino para darnos cuenta de que la diferencia, aun sin ser un experto.

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Ana Vivero explica que al tener bodegas en diferentes Denominaciones de Origen, en cada una de ellas han creado una experiencia distinta. /LBA

P: ¿A qué se debe tener una variedad de oferta enoturística tan grande?

Al tener bodegas en diferentes Denominaciones de Origen (DO), en cada una de ellas necesitamos crear una experiencia distinta. De este modo, la gente que venga a Ribera del Duero a visitar una bodega, no lo ha visto todo. Necesita visitar el resto porque son radicalmente distintas. La idea es crear una oferta enoturística muy dinámica adaptada a la riqueza de cada uno de los centros.

P: ¿Destacaría alguna de estas actividades?

En la bodega Cyan de Toro tenemos un concepto château, con la bodega en el centro del viñedo y laderas enteras de viñedo centenario, donde organizamos vendimias nocturnas para que los turistas vean como se vendimia de noche. En Rueda también lo hacemos pero al vendimiar con maquinaria ofrece un aliciente más.

P: Pero estas actividades solamente se pueden realizar durante unas pocas semanas al año.

Efectivamente, no solo creamos una oferta que sirva para todo el año, sino que también creamos una oferta estacional. En época de vendimia, actividades relacionadas con la vendimia y en primavera, paseos por el viñedo.

P: ¿Qué más servicios ofrecen?

Tenemos un hotel rural en Valbuena de Duero y una furgoneta, que hemos bautizado como matarrometa, con la que realizamos el transporte de los clientes. El conductor es un guía enoturístico preparado que les guia y acompaña por las diferentes bodegas. Además, el cliente puede alojarse en cualquier punto ya sea Valladolid, Madrid o Peñafiel, puesto que pasamos a recogerle con el vehículo para que pueda disfrutar del vino con alegría sin tener que preocupación por conducir luego.

La idea es crear una oferta enoturística muy dinámica adaptada a la riqueza de cada uno de los centros

P: Vuestra oferta está diseñada según una escala de niveles para cada enoturista. ¿A qué se debe esta clasificación?

La mayoría de la gente cree que si no sabe de vino, no puede acceder a nuestras actividades. Por ello, es importante transmitir a nuestros clientes que, aunque partan de un nivel cero, las visitas se adaptan a su nivel de conocimientos. Hacemos cursos de cata todas las semanas. De este modo, cualquier tipo de persona puede acceder a nuestras actividades, incluso los niños, porque el turismo familiar es muy importante para nosotros.

P: ¿De qué manera se puede satisfacer a los niños y a los enófilos con más formación en una misma actividad?

Para los primeros, tenemos el recurso del vino sin alcohol ya que somos prácticamente la única bodega que lo elabora. A los niños les encanta porque les damos a catar ese vino y les vuelve locos porque se sienten mayores. Y luego, también hay visitas para gente con formación que quiere catar los vinos top de la bodega, buscando experiencias más completas. Pero como he dicho la mayoría de nuestras visitas están adaptadas.

P: ¿Qué destacaría del perfil del enoturista?

El perfil es muy amplio. Hace un tiempo era una persona de entre 40 y 60 años, con cierto gusto por el vino. Pero últimamente hemos visto que la edad media ha disminuido. Hay mucha gente de entre 25-30 años que se interesa por el mundo del vino y, sobre todo, que hace turismo.

P: Entonces no es solo de enoturismo, sino de turismo en general.

Para nosotros es muy importante el mundo del vino puesto que es donde radica nuestra razón de ser que es hacer vino, pero también la cultura que le rodea. Nuestras actividades incluyen además visitas al Monasterio de Santa María de Valbuena o al Castillo de Peñafiel y, en general, a todos los recursos turísticos que tenemos alrededor. En Medina del Campo, al Castillo de la Mota y al Palacio Real Testamentario de Isabel La Católica. Es decir, no solo buscamos al enoturista que solo quiere hacer turismo de vino, sino también a ese turista que viene y, además, quiere conocer la cultura del vino de cada zona.

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Para la responsable de enoturismo es muy importante el mundo del vino puesto que es donde radica la razón de ser de la bodega que es hacer vino, pero también la cultura que le rodea. /LBA

P: De todas estas experiencias, ¿cuál destacaría en cuanto a su funcionamiento?

Tenemos visitas top, que muchas veces son las más sencillas. Por ejemplo, en Matarromera funciona muy bien, en primavera, la del viñedo por el valor añadido que aporta a la bodega. En Emina la más importante es el curso de cata que imparten los enólogos del propio grupo. La misma persona que elabora el vino explica cómo se hace y enseña a catarlo. Y luego, hay actividades más exclusivas como son los viajes en globo. Ver amanecer desde el aire en la ribera del Duero es un espectáculo.

P: ¿Cree que debe pagarse por las visitas a las bodegas?

El enoturismo ha de ser un negocio por sí mismo y, por consiguiente, debe generar su propio beneficio. Esta actividad es una forma de marketing de la propia bodega para que la gente reconozca sus vinos. Cuando vienen de visita no solo les explicamos todo el proceso de elaboración, sino que también les damos a catar toda la línea de vinos. Con lo cual, si a ese público le gustan los vinos, los seguirá pidiendo al volver a su lugar de residencia.

Es importante transmitir a nuestros clientes que las visitas se adaptan a su nivel de conocimientos

P: Hace dos semanas la bodega EMINA obtuvo la certificación Q de Calidad Turística un certificado otorgado por el Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE) que reconoce las mejores prácticas en gestión del turismo en todo el país.¿Por qué han apostado por este sello?

En Grupo Matarromera siempre se ha apostado por la excelencia en los vinos, y no podía ser de otra manera en el turismo. La búsqueda incansable de la calidad nos ha llevado a esta certificación, pero no para tener una placa bonita en la fachada sino para tener un método de trabajo que garantice la satisfacción de nuestros visitantes.

P: ¿Cuál es el próximo proyecto del Grupo?

La bodega Emina de Medina del Campo en la DO Rueda es la próxima que queremos lanzar a nivel enoturístico, además de elaborarse vinos blancos y espumosos con la tecnología más puntera, se va a construir una almazara ecológica que será visitable. Así, la gente no solo disfruta del producto, sino que aprende y valora lo que está tomando. En esa bodega tenemos un centro de interpretación del olivo con cuatro años de existencia y un jardín de variedades.

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