Un paseo por las microviñas (I)

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Una de las microviñas del Celler la Muntanya en la localidad alicantina de Beniarrés. /LBA

Iza Święcicka

Los 28 microproductores que hay en Celler La Muntanya son profesores de instituto, arquitectos, ingenieros, ortodoncistas, carniceros, electricistas, amas de casa, físicos de partículas y arqueólogos, entre otras profesiones. Gente que ha querido conservar, recuperar e incluso reinstalar un cultivo que había desaparecido de la zona de montaña que rodea a Muro de Alcoy, en la provincia de Alicante, y que incluye a localidades como Agres, Beniarrés, Alcocer de Planes y Gaianes, dentro de un proyecto que busca aportar un valor añadido a la sociedad.

Como destaca uno de los cofundadores de Celler la Muntanya, Juan Cascant: “Al final todo es muy simple, y cuando las cosas no se complican mucho, la mayoría de la gente comparte lo mismo, el sentido común. En nuestro caso no hemos inventado nada nuevo. Lo que ocurre es que no hago vino, ni lo produzco para vender, sino que estoy aportando valor a la sociedad. Muchas empresas están realizando mis mismas actividades, pero a lo mejor no han visto un filtro que les ayude a verse de otra manera. Simplemente hay que redescubrirse con otro punto de vista.”

Y no hay mejor forma de conocer la bodega y su forma de trabajar, que descubriendo su materia prima: la vid y la historia de sus propietarios, en tres de estas microviñas.

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En la viña de Pepe hay plantada desde hace décadas una variedad de uva denominada Monastrell Blanc. /LBA

Primera parada: la viña de Pepe (Beniarrés)

Pepe, gallego de nacimiento y propietario del viñedo, estaba cansado de explotarlo porque se encontraba mal de la espalda. Trabajando todo el año la viña, en vaso agarrada en ambos sentidos, debido a su bajo rendimiento, no le sacaba ningún partido en la cooperativa local. Sin embargo, este viñedo es muy especial. “Es única porque se trata de una variedad de Monastrell rara, que algunos llaman Monastrell Blanc”, afirma Juan Cascant.

A raíz de eso, los propietarios de Celler la Muntanya acordaron un arrendamiento con Pepe y se inició una labor de reinterpretación de la parcela que no se había hecho hasta entonces. “Lo que hicimos fue recordarle a la planta que era una trepadora. Y la cepa, después de 80 años trabajando como un arbusto, recordaba que lo era. Si la escuchas, está dando las gracias”, aclara Cascant.

Desde esta actuación, en la vid han aparecido brazos nuevos como consecuencia del desarrollo de los sarmientos que anteriormente se podaban cada año. Los brazos de estas plantas están recogidos linealmente, al igual que hacían los egipcios que alineaban en un sentido a las vides. La sensación que produce es de pasillos muy amplios, donde las plantas se sienten bien. “Lo increíble es que la planta se adaptase tan bien a lo que le estábamos pidiendo porque en un campo fértil capaz de dar todo este resultado, la reinterpretación era única”, puntualiza Juan Cascant.

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