Monastrell, un éxito en tiempos de crisis

Miguel Gil durante su intervención en el XVI Gran Capítulo de la Cofradía del Vino Reino de la Monastrell. /LBA
Miguel Gil durante su intervención en el XVI Gran Capítulo de la Cofradía del Vino Reino de la Monastrell al que acudió como representante de la DOP Jumilla. /LBA
Por Miguel Gil Vera

Los vinos elaborados con la variedad Monastrell han tenido que luchar contra su propia historia para poder sobrevivir en los mercados, y si esto no era suficiente, las crisis que han afectado al sector vitícola en varias épocas diferentes desde los años 80 del siglo pasado han ayudado también muy poco a su desarrollo comercial hasta que, paradójicamente, en la actualidad, por fin empieza a encontrar su verdadero potencial, que el mejor comportamiento de esta variedad, en relación a su comercialización, lo haya tenido durante la crisis más profunda y duradera que hemos conocido la mayoría de la población actual, no creo que sea debido a una sola causa, ni siquiera podría ser la consecuencia  de una simple casualidad, entiendo que se han dado la conjunción de muchas causalidades lo que ha permitido que estos vinos encuentren el mejor y mayor nicho de comercialización nunca antes conocido. De lo que no cabe duda es que ha sido en este escenario  tan adverso cuando nos encontramos la mejor imagen de los vinos embotellados de la variedad Monastrell en su historia reciente.

Desde hace 10 años el crecimiento de ventas a nivel internacional ha sido continuo y muy sostenido, es en los últimos cinco años, en plena crisis mundial, donde más se ha acusado este crecimiento, incluso en España, donde se puede encontrar un buen elenco de vinos de Monastrell en todas las tiendas especializadas y en las cartas de cualquier gran restaurante que se precie. A continuación expondré solamente algunas de las muchas causas, que en mi opinión ha podido contribuir a este éxito.

La variedad Monastrell, sus características, su perfecta adaptación a lo largo de los años a nuestra tierra y a las condiciones climatológicas tan adversas que existen en el sureste español, es sin duda una de las causas que han hecho que hoy tengan éxito los vinos elaborados con su uva. Esta variedad, bien elaborada, da como resultado vinos amables, con mucha fruta en nariz y en boca, de estructura media y alta, muy glicéricos y de alta persistencia, dulces y, a pesar de su complejidad, fáciles de beber, suelen tener un largo postgusto, que deja sensaciones muy agradables y de muy buen recuerdo en el paladar, que hacen de ellos un recurso cada vez más utilizado por los consumidores amantes del vino que lo consumen en privado o que quieren quedar bien con sus invitados y amigos dentro y fuera de nuestras fronteras. También creo que merece la pena destacar que, estos vinos, en contra de la imagen que tenían no hace tanto tiempo, soportan muy bien el proceso de crianza, de hecho los que han sido sometidos a un envejecimiento adecuado en envases de roble, son los que más éxito tienen actualmente entre todo tipo de consumidores.

Por otra parte, el hecho de tener una variedad exclusiva, autóctona, supondría una de las claves importantes que nos puede permitir entender la razón de este éxito. El hecho de disponer de una de las variedades tintas con una personalidad única, que los diferencia del resto de vinos elaborados con otras variedades vinícolas, unido también al hecho de que en el mercado conviven cada vez más vinos procedentes de muy diferentes comarcas vinícolas elaborados con las mismas variedades, que a pesar de sus procedencias diversas, son muy parecidos, nos dan un marcado carácter diferencial y, sin duda, supone uno de los puntos fuertes a la hora de comercializarlos en un mercado cada vez más globalizado, en el que,  podemos competir con ventaja al disponer de una variedad autóctona y de calidad, como sin duda lo es la variedad Monastrell.

Seguramente otra de las causas más importantes que han contribuido a este éxito es la de su magnífica relación calidad-precio, en la que los consumidores han encontrado a un precio razonable una calidad más que suficiente y que generalmente les transmite la sensación que están recibiendo más de lo que pagan por ellos.

No me quiero dejar en el tintero, y con esto termino, a quienes sin duda también han contribuido a este éxito, y entre los que orgullosamente me incluyo, los productores del sureste español, bodegueros y viticultores, que hemos trabajado, lo hacemos actualmente, y lo seguiremos haciendo en el futuro, en la construcción de las estructuras adecuadas que nos permitirán agrandar este éxito, el que merece un sector estratégico, muy arraigado a nuestra historia y a nuestra cultura, que hará mantener el tejido rural, creando riqueza y fijando su población, cuidando y creando una masa forestal respetuosa con su entorno, muy necesaria para defender la sostenibilidad medioambiental de nuestros territorios, y en la que este sector puede influir muy positivamente.

Yo estoy seguro de que lo que hoy viven comercialmente estos vinos, es solo la punta del iceberg, y que en el futuro, los vinos elaborados con la variedad Monastrell, se harán un hueco mucho mayor debido a su gran personalidad y calidad, donde el Sureste Español, sin duda será su referencia más importante, cómo uno de los protagonistas indiscutibles en la elaboración de vinos de calidad dentro del mapa vitivinícola mundial, en el que siempre hemos tenido que estar por méritos propios.

Miguel Gil Vera (Jumilla, 1960) es bodeguero e ingeniero aeronáutico, graduado en el año 1984 en la Escuela Superior de Ingenieros Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid. Tras ejercer como Ingeniero Aeronáutico, en el año 2000 decidió abandonar su gran vocación por la aeronáutica para ejercer su gran pasión: ser bodeguero, junto a él, sus 8 hermanos, retomaron la actividad bodeguera de la familia que se remonta inicialmente al año 1916 para iniciar la nueva andadura de Bodegas Hijos de Juan Gil y crear Bodegas El Nido como apuesta decidida por la variedad Monastrell. Actualmente la Familia Gil es propietaria del Grupo Juan Gil Bodegas Familiares en el que se encuentran Bodegas Atalaya (DOP Almansa), Bodegas y Viñedos Shaya (DOP Rueda), Bodegas Lagar da Condesa (DOP Rías Baixas), Bodegas Ateca (DOP Calatayud), Cellers Can Blau (DOP Montsant), a las que se unen las ya mencionadas Hijos de Juan Gil y El Nido en la DOP Jumilla así como más 1.000 hectáreas de viñedos propios repartidos por toda la geografía nacional. Este apasionante proyecto vitivinícola de la Familia Gil, se resume en “Pequeñas bodegas familiares, grandes vinos españoles”. En cuanto al cambio ocurrido en la DO Jumilla, del que buen ejemplo puede ser Bodegas Juan Gil, “es palpable para todos, que en los últimos años ha habido un salto cualitativo importantísimo en los vinos y una apuesta por la variedad Monastrell para elaborar vinos sin complejos, de manifiesta calidad, y excepcionales que están marcando un antes y un después en nuestra Denominación. El futuro se presenta muy favorable para aquellos que continúen trabajando en pro de una mejor calidad sin descanso, desde el viñedo hasta la elaboración y posterior comercialización de los vinos. El consumidor quiere Jumilla por lo diferentes que son sus vinos frente al resto y lo que espera es que seamos capaces de seguir en esta buena línea de calidad-precio”,  concluye Miguel Gil.

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