José Peñín, periodista y escritor del vino: “El vino debe reflejar el espíritu de la naturaleza de la que procede”

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Para José Peñín, Alicante y Valencia son zonas muy interesantes para elaborar vinos de terroir e incluso biodinámicos. /LBA
Iza Święcicka

José Peñín (Santa Colomba de la Vega (León), 1943) es periodista, escritor y difusor de la cultura del vino, con reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional. Entre sus últimos libros destaca Historia del vino, donde el autor explica el papel del vino en diversas civilizaciones y épocas históricas en diferentes lugares del mundo, centrándose sobre todo en España. Además, José Peñín es el creador de la Guía Peñín, una publicación que marca las corrientes de comercialización internacional de los vinos españoles y que recientemente celebró su 25 aniversario. Con este motivo el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Alicante, reconocida como la más valorada de España, reconoció a José Peñín su esfuerzo en la promoción de los vinos españoles de calidad, entre los cuales también se encuentran los alicantinos.

Iza Swiecicka: Según sus palabras, los avances tecnológicos y la nueva generación de enólogos han mejorado el perfil de los vinos alicantinos. ¿Qué otros factores influyen a la hora de hacer un buen vino?

José Peñín: Influye, sobre todo, el intento de respetar el ecosistema. Tiene que haber un pensamiento sostenible con respeto a la relación de la planta con el suelo, de tal forma que el vino debe reflejar el espíritu de la naturaleza de la que procede. De hecho hay algunos vinos que son muy originales, pero también tienen algún defecto. Sin embargo, éste está integrado en el conjunto del vino, lo cual le hace ser un vino único, tal vez no mejor que otro e incluso inferior, pero original. Eso es lo que se valora. Actualmente, estamos diferenciando la complejidad y la divergencia, de la bondad y la propia calidad del vino puesto que la calidad está salvaguardada debido a que los vinos ya la tienen.

I.S.: ¿Qué destacaría de los vinos de la provincia de Alicante?

J.P.: Tanto en Alicante como en Valencia, o como nos gusta denominar, en los vinos del gran sureste, he descubierto que está apareciendo una personalidad y una evolución del terroir, es decir, de la gente que está trabajando el terruño. No como pensamiento de vino de Alicante, sino como la variedad en su relación con el suelo y el cultivo. Eso es importante porque es una zona climáticamente muy segura que permite hacer vinos naturales sin ninguna introducción de sustancias fitosanitarias. Todo esto conduce a que estas zonas sean muy interesantes para elaborar vinos de terroir e incluso biodinámicos.

I.S.: Durante su trayectoria personal, ¿cómo han evolucionado los vinos españoles?

J.P.: En las primeras ediciones de la Guía, a principios de la década de 1990, uno la consultaba y veía vinos defectuosos. A medida que se entraba en el año 2000 esos defectos han ido desapareciendo y los vinos de más baja puntuación han ido subiendo. Algunos fueron ascendiendo sin parar hasta los 95 puntos. A partir de 95 el trabajo ya es mucho más complicado. Por eso, vinos de 98 puntos solo hay entre uno y como mucho seis. En total hay una base de más de 10.000 referencias. En los años 80 había vinos malos y defectuosos, pero por comparación, los que nos parecían extraordinarios en aquella época, serían vinos normales ahora. Evidentemente ha habido un cambio radical. Pero eso no ha ocurrido solamente en España, sino en todo el mundo incluidas Francia e Italia. Los top ahí están por su experiencia, no han cambiado como Pomerol o Petrus, pero después, las zonas vinícolas francesas menos ilustres o conocidas han ido mejorando en los últimos 25 años.

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José Peñín considera que el vino ha estado unido a la cultura sociológica y alimentaria desde siempre. /LBA

I.S.: ¿Aún hay elaboradores que son capaces de sorprenderle?

J.P.: Ya no muchos porque el vino es un producto que, al final, se mueve en unos parámetros muy relativos. Uno puede demostrar creatividad en un cuadro o en una escultura, o si se es cocinero a la hora de elaborar un plato con una gastronomía determinada, y caben muchos elementos artísticos. Pero en el vino no hay tanta creatividad, simplemente se puede modular un poco su carácter varietal, mineral y alguna cosa más. A fin de cuentas, las arbitrariedades no caben en el vino. Por lo tanto, en ese sentido, está más limitado.

I.S.: ¿Qué se siente cuando la fama traspasa fronteras?

J.P.: Es el resultado de un trabajo de muchos años. Creo que lo importante es que he estado trabajando durante 40 años en este sector y nunca he bajado la guardia. Entonces cuando uno trabaja permanentemente y se va superando a sí mismo, creo que se mantiene una imagen de experiencia y veteranía, y sobre todo, de rigor. Esto es lo que me hace que mi presencia en los últimos 5 o 6 años, a título internacional, sea mayor.

 Actualmente, se diferencia la complejidad y la divergencia, de la bondad y la calidad del vino

I.S.: ¿Cómo se transfiere tanto amor por una botella de vino hasta un trabajo tan riguroso como su libro Historia del vino?

J.P.: Cuando empecé con el vino recuerdo que pensé que no había mucho que contar sobre él. Se hablaba de si el vino era bueno, o de la cosecha que fuera, de su elaborador y poco más. Sin embargo, con el tiempo descubrí que hay un aspecto sociológico. La propia historia del vino que he escrito me hace pensar que el vino ha estado unido a la cultura sociológica y alimentaria desde siempre. Es una tradición histórica que se ha mantenido en el ámbito de la civilización mediterránea. Entonces claro, el vino es algo más que una solución hidroalcohólica obtenida por la transformación del mosto de uva en vino.

I.S.: Por tanto, su interés va más allá del vino en sí.

J.P.: A mí me interesa más quien hace el vino y cómo lo hace, que el propio vino. Aunque tengo un criterio analítico riguroso, incluso crítico, hay que tener en cuenta también un planteamiento hedonista debido al placer de beber. Para mí es más placentero saber cómo ha sido el trabajo de su elaborador, el empeño que ha tenido, las ganas de hacer un producto que transfiere la silueta del suelo y el clima, al vino. Y ese vino, después, lo puede beber mucha gente y ser felices por ello. Creo que ese fenómeno es el que más me interesa.

I.S.: Y en sus momentos placenteros, ¿cómo disfruta del vino?

J.P.: Es difícil de decir porque tengo una deformación profesional ya que no cato para beber placenteramente, sino que cato para criticar.

I.S.: ¿Incluso con los amigos?

J.P.: Con los amigos soy indulgente. Me da igual, soy feliz con ellos y con un vino normal, soy feliz con ese vino. En ese momento desconecto el chip de valoración y de alguna manera, cualquier vino me puede servir. Pero en general, por beber para los demás y no para mí mismo, muchas veces me olvido del carácter gastronómico y del efecto hedonista o placentero de beber vino. Aunque es difícil desconectar y muchas veces son los amigos los que me transmiten la emoción, y más que la emoción, el sentirla por beber.

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