Más que enólogas

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Laura Muñoz del grupo enológico Casa Rojo está estudiando Enología para tomar parte en la elaboración de los vinos que comercializa. /L.M.
Iza Święcicka

Las mujeres aportan diferentes perfiles profesionales al mundo del vino. No solo son enólogas o sumilleres, sino que también se dedican a actividades tales como la formación, la investigación, el marketing, la comunicación o la comercialización; áreas sin las cuales una bodega hoy en día no puede funcionar. Pero, aunque las mujeres han estado presentes de algún modo en este mundo, no siempre han desempeñado tareas cualificadas.

“Desde el principio, las mujeres hemos formado parte de las bases del vino. Mi tatarabuelo tenía una bodega llamada la Casa del Rojo y en todas las fotos que conservo de la época de vendimia aparecen mi abuela y mis tías. Se nos visualizaba en el campo ayudando a aquel que gestionaba la empresa. Hoy en día, las mujeres tenemos acceso y posibilidad de dar nuestro toque, no solo en la parte de elaboración, sino también como consumidoras”, relata Laura Muñoz, directora de finanzas del grupo enológico Casa Rojo que elabora sus vinos en diferentes denominaciones de origen de España.

Como apunta el informe “Vender vino a las mujeres” publicado por el Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMv), la situación de la mujer ha cambiado desde mediados del siglo pasado gracias a la incorporación de ésta al mercado laboral y al desarrollo de patrones culturales más abiertos respecto a la división del trabajo en función del sexo. Este hecho permite asumir una amplia gama de roles sociales, tanto a hombres como a mujeres. Sin embargo, es un cambio que aún asombra, si se tiene en cuenta que solo han pasado cincuenta años desde que se produjo.

“Mi abuela y mi madre se sorprenden porque si bien en algún momento me imaginaban en el mundo del vino, lo hubieran hecho como ellas en una parte más de elaboración. Y, aunque saben que estoy estudiando Enología y en el futuro espero poder tomar parte en la elaboración de nuestros vinos, el estar en la dirección de un grupo enológico y en el área de comercialización y comunicación, les sorprende porque este ámbito ha sido tradicionalmente más masculino. No era frecuente ver mujeres liderando proyectos en el mundo del vino”, narra Laura Muñoz.

Entre las cualidades que las mujeres aportan al mundo del vino, la directora de finanzas de Casa Rojo destaca la exigencia. “Somos mucho más exigentes, tenemos el conocimiento de qué tipo de vino queremos en cada momento, cómo maridarlo e incluso que cocinar para ese vino”, apunta la responsable de finanzas. Pero la exigencia es una moneda de doble cara ya que las mujeres no solo exigen de otros, sino sobre todo de ellas mismas.

Como anota Elisa Errea, formadora de Wine and Spirit Education Trust (WSET) y directora de The Wine Studio, las mujeres siempre se ponen los peros. “El buscar siempre la perfección y el ser muy críticas con nosotras mismas es algo muy común entre las mujeres porque creemos que las cosas siempre podrían estar mejor. Y esto no siempre es bueno, es agotador, aunque sus resultados se ven muy bien en el vino”, destaca la formadora.

“Las enólogas que hemos tenido en los cursos siempre evalúan los vinos un peldaño por debajo del resto de alumnos. Son muy exigentes. No admiten fallos porque no los admiten en sus propios vinos. Curiosamente, la diferencia no está en que las mujeres hagan vinos elegantes y los hombres estructurados. Hay vinos muy elegantes hechos por hombres y “bestias” hechos por mujeres. No obstante, la diferencia se encuentra sobre todo en la meticulosidad, la atención al detalle y la autocrítica”, explica Elisa Errea.

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Para Cintia Torres (dcha.) de wineandtwits cada persona aporta su esencia y el cómo es a lo que hace, pero como matiza Marichel López (izq.) la mujer puede llegar a tratarlo como si de un hijo se tratase. /LBA

Con su opinión coincide Cintia Torres, comunicadora y creadora, junto con Marichel López Catalá, en wineandtwits, una iniciativa que marida el mundo del vino con las redes sociales. “Partiendo de la base de que hombres y mujeres son diferentes, sin entrar en feminismos ni machismos, cada uno aporta su esencia y cómo es. En el caso de las mujeres, somos diferentes, tenemos nuestras cosas buenas y menos buenas, pero aportamos nuestra sensibilidad y, en muchas ocasiones, perfeccionismo porque queremos que todo salga bien. Esto no quiere decir que los hombres no lo hagan, sino que las mujeres nos hemos encontrado siempre con estos adjetivos y características”, opina Cintia Torres.

Sensibilidad, creatividad y calor humano

Según un estudio de la Universidad de Manchester, las mujeres se comunican mejor que los hombres. “Como comunicadoras transmitimos mucha sensibilidad, creatividad y calor humano. Tratamos todo como si se tratase de nuestros propios hijos. Queremos que vayan bien y que vayan creciendo, desarrollándose y madurando. Ese toque tan bonito es el que también puede aportar la mujer”, destaca Marichel López Catalá. Además, la especialista en vino y redes sociales matiza que aunque el término wineandtwits no aclara si detrás del proyecto hay hombres o mujeres,  “la forma de comunicar sí que hace que se note que somos mujeres”.

Como otra característica de la mujer, Marichel López Catalá apunta la falta de agresividad. “Nosotras no queremos comernos el mundo, sino hacer lo que nos gusta. Y eso se nota. Si hay algo que no vemos, no lo vamos a hacer aunque se nos retribuya”, subraya la comunicadora.

La persuasión es el arma de la mujer. “A una mujer no hay quien le gane en una negociación de tú a tú. Tenemos otra capacidad para convencer a nuestro interlocutor sobre porqué un vino es un gran vino y el por qué debe dar el paso de incluirlo en su gama. Tenemos esa ventaja por así decirlo”, asegura Laura Muñoz.

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Laura Muñoz realiza viajes por todo el mundo para negociar la venta de los vinos del grupo Casa Rojo. /L.M.

Aunque los tiempos cambian, el papel de la mujer sigue condicionado por la cultura en la que éste se desarrolla. Como observa Laura Muñoz en sus viajes alrededor del mundo para negociar la venta de sus vinos, “en países muy tradicionales y muy machistas como los asiáticos, cuando una se sienta a negociar con un japonés y entrega su tarjeta de visita, éste se queda mirándola como pensando si realmente es contigo con quien tiene que cerrar las negociaciones. Se sorprenden porque en esos países todavía la mujer no tiene una posición tan fuerte a nivel empresarial, y menos aún en un sector tan tradicional como el mundo del vino.

Sin embargo, la situación cambia en países “más maduros y con mayor cultura vinícola como puedan ser Estados Unidos, Dinamarca o los países escandinavos, donde el trato es más afable y sencillo. Por ser mujer no cuestionan tus conocimientos o tus cualidades para negociar, presentar un vino y hablar de él. Simplemente mantenemos una reunión normal”, detalla la directora de finanzas de Casa Rojo.

La situación en España

Además, según Laura Muñoz, “en nuestro país, afortunadamente, hay mujeres que han ido abriendo camino y que nos han facilitado mucho las cosas. Tenemos grandes enólogas y grandes profesionales del mundo del vino.” A pesar de ello, como expresa Elisa Errea, aún hay pocas mujeres. “Si una mira el número de enólogas en España, todavía es menor al de los enólogos. Igualmente ocurre en el mundo de la sumillería, el número de mujeres sumilleres es relativamente bajo, al igual que el de mujeres dirigiendo bodegas. Pero está creciendo como crece en otros sectores debido, entre otras cosas, a que hay más emprendimiento hecho por mujeres. Es una tendencia natural en España, en general, y en el vino, en particular”, apunta la formadora.

Por otra parte, Elisa Errea matiza que hay muchas mujeres que cambian de carrera y apuestan por encontrar su futuro laboral en el mundo del vino. “Mucha gente que ha estado trabajando en un sector durante años y le gustaba mucho el vino, en un momento dado, han decidido dar el salto, aprender y cambiarse al sector del vino”, destaca la formadora de WSET en The Wine Studio. Porque aun cuando la pasión por el vino, abre las puertas a este mundo, la formación es lo más importante, tal y como apuntaba Isabel Mijares, enóloga y Presidenta de Equipo Team, durante la conferencia La mujer en el universo del vino, celebrada en noviembre de 2014 en el Club Financiero Génova de Madrid.

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Para la formadora del WSET Elisa Errea, hay poca definición en cuanto a la formación en vinos y su acceso para el público en general es limitado. /LBA

La importancia de la formación

La formación pone un signo de la igualdad entre hombres y mujeres, si bien, como denuncia Elisa Errea, “hay poca formación al alcance de la gente, en general. Es cierto que hay escuelas de sumillería y de enología, pero fuera de ese ámbito hay una amalgama de cursos de cata en tiendas de vino, y otro tipo de cursos y cursillos. Hay poca definición en cuanto a la formación en vinos.” Esta situación influye también en el número de formadoras existentes en el mundo del vino. “Hay pocas mujeres y es difícil definir cuál es la formadora de referencia en España. En general, en los claustros de los cursos de formación se ven pocas mujeres”, apunta la formadora.

Además, Elisa Errea subraya que las mujeres tienen una inclinación innata a la sensibilidad sensorial. “Nosotras olemos más. Cocinamos más, compramos más cosméticos y estamos acostumbradas a oler. Esto es nuestra pura experiencia. Es como los colores. Los hombres por lo general distinguen colores básicos como el rojo el azul y el negro, pero nosotras también distinguimos el magenta, el añil, el celeste”, matiza Elisa Errea.

La presencia de las mujeres enriquece el mundo del vino, hace que éste evolucione y que no deje de reinventarse. Como asegura Laura Muñoz, este universo no deja de ser un mundo de experiencias, de compartir, de placer, de gastronomía y de buenos momentos. “Al final, uno como persona que elabora, comunica o vende vino, tiene que transmitirle a otra persona que ese vino le va a aportar todo ese mundo. Y ese poder de convicción, transmisión y negociación, lo tenemos más agudizado que los hombres porque trasladamos mayor confianza. Contamos una historia cierta, en la que creemos y sabemos hacerla llegar al consumidor o a los clientes”, concluye Laura Muñoz.

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