Una mujer, un vino

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En el centro, detalle de la etiqueta de una botella de Vino Dulce para Señoras de la bodega Luis Barceló de Málaga, en el Museo de Esteban de la Rosa en El Campello. /LBA

 Iza Święcicka

“En la época de la primera Constitución española, la Pepa de 1812, de la cual ya hace más de doscientos años, las mujeres no podían ni votar, ni entrar en el Congreso. Sin embargo, algo comenzó a cambiar en cuanto al tema del vino y de la mujer porque apareció un vino dulce para mujeres, si bien no sería hasta finales del siglo XIX cuando empezó a hacerse patente el cambio en la relación de las mujeres con el vino”, relata Esteban de la Rosa, gran conocedor de la historia del vino y propietario de la vinoteca-museo Bodegas Selección en El Campello (Alicante), mostrando uno de sus tesoros, una botella de vino de la década de 1800 etiquetada como “Vino Dulce para Señoras”.

La sociedad patriarcal ofrece roles diferentes para mujeres y hombres. Para el mundo femenino queda reservado el ámbito doméstico y familiar, mientras que para el masculino, el público. En su artículo La mujer y el vino en la literatura: historia de un desencuentro, María Rosa Nadales, escritora y académica de la Universidad de Córdoba, destaca la distinta consideración de la borrachera cuando se trata de una mujer. Según los testimonios citados por la profesora, el vino no sólo se apodera del carácter, sino también de la sexualidad de la mujer. Esta situación no solo pone en peligro su honra, sino también, y sobre todo, la de su marido. Como apunta un refrán popular, “mujer vinosa, mujer lujuriosa”.

La creación de un “Vino Dulce para Señoras” significa, para las mujeres, la conquista del espacio público y el camino hacia su emancipación. Como destaca Esteban de la Rosa, este vino se creó para que las mujeres pudieran tomarlo en los bares, ya que tomar cualquier otro estaba mal visto y no se lo servían. “Al principio, las mujeres no podían entrar en los bares en España, ni con los hombres. Después se les permitió el acceso, pero no podían beber. Finalmente, se elaboró este vino dulce para que las mujeres bebieran”, cuenta el propietario de Bodegas Selección.

El mito del sabor dulce

La botella que data del año 1800 se elaboró  para que las mujeres pudieran beber en los bares puesto que cualquier otra bebida les estaba prohibida. /LBA

La botella que data de principios del siglo XIX se elaboró para que las mujeres pudieran beber en los bares puesto que cualquier otro vino les estaba prohibido. /LBA

Además, esta botella no solo testifica la entrada de las mujeres al mundo del vino como consumidoras, sino que también explica la aparición del mito de que las mujeres prefieren los vinos blancos y dulces. “Se dice que el vino es para mujeres porque es dulce, pero no tiene nada que ver con la condición de ser hombre o mujer. Cualquier persona cuando ha empezado a tomar vinos, lo ha hecho por los más dulces”, destaca Esteban de la Rosa. En su libro Historia del vino, José Peñín apunta que el sabor dulce es el primero que las personas aceptan después de nacer y una de las posibilidades por la cual el zumo de la uva atrajo la atención del ser humano para cultivar la vid y elaborar el vino.

No obstante, el paladar humano evoluciona y aprende a disfrutar de otros sabores. Como matiza el propietario de Bodegas Selección, conforme las personas van entendiendo de vino, prefieren los vinos más secos, tanto hombres como mujeres. “Lo que sucede es que como las mujeres entraron más tarde en el vino, todavía hay más mujeres que les van los dulces, pero solo por falta de práctica, no por el hecho de ser mujer. El hombre lleva más tiempo con el vino y ya ha pasado ese escalón del dulce, semi dulce y brut. Está más adelantado. Pero una mujer que lleve unos años en el mundo del vino, bebe lo mismo”, asegura Esteban de la Rosa.

Y, aunque los informes no recogen datos que relacionen el tiempo de consumo de vino de la mujer con el tipo de vino que consume, sí que marcan una tendencia que relaciona el consumo de vino tinto a diario con la edad de la consumidora: a mayor edad, mayor consumo. Según el estudio La mujer y el vino en España del Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMv) realizado por Datavin, un 5% de las mujeres menores de 25 años lo consume a diario frente a un 50% de las consumidoras con más de 65 años. Además, este informe apunta que el vino tinto es el preferido por las mujeres, ya que seis de cada 10 mujeres lo toman al menos una vez a la semana y, tan sólo, una de cada 10 lo rechaza. Como confiesa Belén López, profesora de industria alimentaria y consumidora de vino diariamente desde hace seis años, “me gusta más el vino tinto y, sobre todo, la variedad Monastrell por su intensidad aromática. Me atrae mucho más que los vinos blancos o rosados porque, en general, estos me saben muy suaves y con poca intensidad. Estoy acostumbrada a los tintos que son más fuertes.”

Gustos personales

Según el mismo estudio, el consumo de vino blanco o rosado en mujeres es aproximadamente un 3% más elevado que en hombres. Un 40% de las mujeres toma vino blanco una vez al mes, un 33% rosado. Para las consumidoras menos experimentadas, como se describe a sí misma la ingeniera técnica Nuria Poveda la cual tomaba vinos esporádicamente desde hace 10 años, pero que desde hace uno lo hace de una manera más habitual, los vinos blancos y rosados son la primera opción. “En los blancos me gusta que se note el dulzor y que sean afrutados para que tengan un buen beber. Por ejemplo, el K-Naia de la DO Rueda es muy suave de beber y también los vinos austriacos como el Jurtschitsch elaborados con Grüner Veltliner”, cita ejemplificando sus preferencias Nuria Poveda.

Por su parte, la ingeniera agrónoma Juana Reche no tiene una preferencia marcada por un tipo de vino, sino que destaca la calidad y el equilibrio en los vinos tintos, y el color en los blancos y rosados.  “En cuanto a tintos, me gusta tomar siempre los de calidad, entendiendo ésta como que no me produzcan dolor de cabeza  y que tengan un buen sabor, ni a mucha madera ni a mucha fruta, sino equilibrados. Sin embargo, en los vinos blancos y rosados me fijo en el color. Cuanto más pálido, el vino me resulta más llamativo y es más ligero a la hora de beberlo, sobre todo, si no tiene mucho grado alcohólico.  Ahora bien si tiene aromas muy fuertes, me rechaza”, matiza Juana Reche.

De izq. a dcha., Nuria Poveda, Juana Reche, Belén López y Julia Gómez demuestran la heterogeneidad en cuanto a sus preferencias en el mundo del vino. /LBA

De izq. a dcha., Nuria Poveda, Juana Reche, Belén López y Julia Gómez demuestran la heterogeneidad en cuanto a sus preferencias en el mundo del vino. /LBA

Además, como destaca el informe el momento de consumo más utilizado para tomar vino es con las comidas, tanto fuera de casa como en ella. Para Nuria Poveda, el tipo del vino que toma depende de los alimentos que se consuman. “Si tomas carne como secreto ibérico o cosas así, un tinto de crianza pega mucho. Pero para pescados o pasta, con vino blanco o rosado siempre mejor”, declara la ingeniera técnica.

Con su opinión, coincide la bióloga Julia Gómez quien apunta que elige el vino según la situación. Para ella, “durante el aperitivo, un vino blanco fresco y joven, va muy bien, mientras que prefiere los tintos jóvenes a la hora de comer o de tomar un vino a media tarde. Si tienen algo de barrica, perfecto porque ese sabor a madera y a vainilla, más dulce, me llama mucho la atención. Estos vinos no son pesados, se dejan beber y si se combinan con algo de comida estamos ante la situación ideal”.

El filósofo chino Confucio dijo que un viaje de mil millas comienza por el primer paso.  En el caso de las mujeres y el vino, éste ya está dado. Como afirma el sumiller internacional David Doñate en su artículo La mujer completa el mundo del vino, “las mujeres han irrumpido con fuerza y afortunadamente para quedarse. Ahora hombres y mujeres, al unísono, compartirán y disfrutarán las experiencias que proporcionan el vino y su entorno”. El mundo del vino ofrece un abanico de posibilidades: vinos blancos, rosados, tintos; espumosos o tranquilos, dulces, secos; sin crianza y con crianza, envejecidos en barricas, en tinajas o simplemente en botella. Las mujeres ya saben disfrutar y apreciar esta heterogeneidad. Y, como bromea Esteban de la Rosa, “en la actualidad hay bares donde no se permite la entrada de hombres. ¡Fíjate si ha cambiado la cosa!”.

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