Nuria Martí, enóloga e investigadora: “Por mucha tecnología que se enseñe, quien habla es la copa de vino” (II)

DSC_1988.JPG
La elegancia de un vino no se descubre hasta que se experimentan las sensaciones placenteras y seductoras que transmite su contenido, en palabras de Nuria Martí. /LBA

 

Iza Święcicka

Nuria Martí Bruña (Daya Nueva, 1975) estudió Ingeniería Agroalimentaria y Enología. Es Doctora por el Programa de Tecnología Agroalimentaria y profesora del área de Tecnología de los Alimentos de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, donde imparte asignaturas como cata de vinos y maridaje, tecnología enológica y elaboración de vinos especiales y cerveza, entre otras, dentro del Máster en Viticultura y Enología. Además, trabaja como investigadora en Instituto de Biología Molecular y Celular (IBMC) de la UMH y es miembro de la Plataforma Española de Investigación de la Piel. Pero, sobre todo, una gran amante de los vinos.

Iza Święcicka: También ha trabajado como investigadora en Estados Unidos y Canadá. ¿Qué destacaría de sus experiencias al otro lado del Atlántico?

Nuria Martí: En Canadá, hay dos grandes zonas productoras de vino, Niagara y la British Columbia, y llama la atención que la organización asociada al enoturismo sea la base fundamental de la elaboración y la comercialización de sus vinos. La bodega, el enólogo y la elaboración son importantes, pero el vino y su promoción lo son más aún. Todas las bodegas tienen una tienda donde reciben al cliente y una sala de cata para degustar y acercase al vino. La estructura de marketing es tan intensa que no se puede pasar por esa zona sin vincular el vino con esa tierra plagada de viñedos y lagos. La temática del vino está en todas partes, hoteles, restaurantes, en las calles. De igual forma ocurre en una de las más importantes zonas productoras de vino de California, como es la zona del Valle de Napa, cuyo caso es uno de los modelos de éxito mundial del enoturismo. Los escaparates de las tiendas reúnen todos los vinos producidos en la región para difundir su cultura. Pero lo más importante es que estas personas enseñan al consumidor como se cata el vino, lo acercan y disfrutan con ellos. He encontrado lugares maravillosos y acogedores donde uno puede disfrutar de un paseo entre secuoyas y viñedos como en el Alexander Valley de California, o de una regata a orillas del Lago Okanagan en Naramata con unas maravillosas puestas de sol a lo largo de todas las bodegas que rodean el lago.

I.S.: Y alguna diferencia a la hora de enfocar el enoturismo.

N.M.: La bodega la enseñan solo si uno pide verla. Es decir que hacen recorridos puntuales a la bodega, pero lo que venden es un lugar donde se disfruta del vino, donde se forma y se hacen promociones. Por ejemplo, por unos diez dólares se pueden probar tres vinos y si luego si se compra, se descuenta esa cantidad. Allí la gente se va de vinos para pasar el día. Son rutas con paradas para hacer visitas a bodegas, muchas de ellas con restaurante y en zonas donde se pueden visitar más cosas. Lo que más me llamó la atención fue la zona de las cataratas del Niagara en Ontario. Es una zona que recibe varios millones de visitantes al año. Los autobuses que llevan hasta ellas, siempre pasan por la zona de Niagara on the Lake, donde están las bodegas y son parada obligatoria. De este modo, este reclamo turístico se utiliza para que el sector del vino se promocione. Los propietarios de las bodegas no necesitan prácticamente hacer difusión de sus vinos porque el cliente va solo.

I.S.: ¿Cómo ve el tema del enoturismo en Alicante?

N.M.: En Alicante cuesta más porque las bodegas están más aisladas. Pero si la gente viene a disfrutar de la costa y las bodegas están a 30-50 kilómetros, debería promocionarse el enoturismo puesto que uno no va a estar todo el día tomando el sol. El problema es que están en el interior y hay que buscarlas por lo que todos los hoteles de Alicante deberían darlas a conocer. Esto mismo pasa en el valle de Napa que está a más de 80 kilómetros de San Francisco y, sin embargo, en cualquier circuito turístico se ofrece al visitante la posibilidad de disfrutar de sus bodegas. En este tema nos queda mucho que aprender de esas zonas productoras.

Al vino de Alicante le falta recuperar al consumidor, captarlo y enamorarlo

I.S.: ¿Por qué considera que la entrada del cliente a la bodega por la zona de catas es tan importante?

N.M.: Quizás porque es un símbolo de hospitalidad y agrado. Recibir a amigos en casa o  mientras esperas mesa en un restaurante, se hace mucho más ameno bebiendo algo que esperando de plantón y “a secas”. Además, resulta muy agradable e invita a la relajación. Por ello, lo trasladaría a la bodega. El amante del vino cuando llega a una bodega espera ese trato cordial y amable, mediante este sistema va conociendo el producto que allí se elabora y despertará su curiosidad por conocer el proceso completo. Es una manera de integrar más rápido a la persona en aquello que le vas a enseñar. Sobre todo porque, por mucha tecnología que se enseñe, quien habla es la copa de vino. Si se ha aplicado bien la tecnología es el vino quien lo muestra. Entonces abriendo esa copa de vino al principio, degustando el producto, se consigue relajar el ambiente para que cada persona después se imagine cómo está hecho ese tipo de vino y tenga curiosidad por ver el lugar donde se elabora. Para terminar, vuelta al punto de partida, donde se cata y si se desea se compra. Mucha gente prefiere cambiar el orden, es decir, enseñar primero la bodega, para que después se haga desear el vino. Pero, por mi experiencia, en los sitios de éxito de venta de vino, al cliente se le recibe en el lugar más confortable. De todas formas e independientemente  de cómo se plantee la visita, lo fundamental, además del vino,  es la persona que recibe al visitante. Esta se debe preocupar por conocer sus gustos, que escuche y qué pregunte por sus preferencias para beber, y que aconseje en caso necesario. Intentar acercarse culturalmente. Es como una conversación de café, pero con una copa de vino. Es una acción social.

I.S.: Acabar una visita en la tienda es como presionar para comprar.

N.M.: Efectivamente. Para mí sería más inteligente dar la copa de vino sin presionar, luego enseñar la bodega y después que cada uno decida. El sitio donde se recibe es importante. Por eso, hay que empezar en la sala de catas, que también es tienda, y ofrecer una copa de vino, y luego esperar la venta. Incluso he hecho visitas con la copa de vino en la mano y eso me encantó porque uno está sintiendo el proceso que le están contando, en el producto que está degustando. Hace tiempo asistí a un conferencia impartida por el enólogo de Roda en la que nos contaba su filosofía de trabajo en campo y bodega y lo primero que hizo fue servir una copa de Roda I a todos los asistentes para que nos pusiéramos en situación de como captar la esencia de lo que nos relataba. A todos nos encantó.

I.S.: ¿Cómo se alcanza la perfección en la cata?

N.M.: La síntesis básicamente es probar muchas cosas y hacer un pequeño esfuerzo de retención de sensaciones para que la mente sea capaz de almacenar ese estímulo y reconocerlo posteriormente. Cuando uno disfruta de una copa de vino, lo que más le llama la atención es su sabor y su aroma, y la sensación en boca que tiene. Este ejercicio de memoria cualquier persona puede hacerlo. Con el vino, se intenta conocer la variedad y su trazabilidad para establecer una recopilación de ingredientes o acciones que le han pasado a la uva hasta que llegan a la copa.  En un vino lo que se hace es poner en marcha al cerebro con todo aquello que se ha guardado para reconocer el estímulo y traducirlo. También es importante, aprender a catar con gente capaz de transmitir la esencia del vino, pero no la fantasía y la poesía, sino realmente las sensaciones del vino y los aromas claros. Por supuesto, también es importante el entrenamiento personal y que cada uno se familiarice con especias, frutas, flores, arbustos y, en definitiva, con todo el ecosistema que nos rodea. Se trata de no pasar de puntillas y tener todos los sentidos abiertos. Está bien que bebamos para saciar la sed, pero con un vino debemos intentar que todas las sensaciones que nos transmite sean identificadas por nuestros sentidos puesto que la cata consiste en el análisis de éstas.

I.S.: Hay mucha gente que dice no ser capaz de oler nada.

N.M.: No es cierto, si huele, pero no es capaz de identificar. No obstante la intensidad aromática sí se puede percibir por lo que se puede saber si en ese vino hay muchos aromas o no. Luego tocaría identificarlos, pero eso ya es cuestión de entrenamiento. Y en función de cómo se haga no tiene por qué suponer un esfuerzo. Para mí, la cata ha sido siempre un placer donde se comparten emociones y opiniones. El llegar a discernir entre barrica o chips llega con el tiempo. Incluso a mí ha habido casos en los que me han colado chips muy bien utilizados como barrica. Ahí es donde está la tecnología bien empleada.

LBA Nuria Martí 05
Para la investigadora del IBMC, la cata de vino es un placer donde se comparten emociones y opiniones. /LBA

I.S.: Hace un tiempo se llegó a presentar al concurso la Nariz de Oro.

N.M.: En 2005 me presenté camuflada porque los enólogos no podían entrar en ese concurso. Me inscribí como sumiller de un restaurante y llegué hasta la semifinal. La experiencia fue fantástica. Se elegía el mejor vino de España y se cataban entre 150-200 vinos en 2 días. Era un concurso que servía muy bien para ver cómo estaba España porque todo era a ciegas y no había una etiqueta que condicionase. No se sabe que se cata ni de dónde, solo se está valorando. Era fantástico poder disfrutar tanto de esos vinos de altísima calidad, como de la gente. El concurso era duro y estricto porque la selección se hace el domingo por la tarde, después de día y medio de catas, cuando uno está agotado psicológicamente y la competencia parece una carrera de supervivencia. Conozco a varios ganadores de la Nariz de Oro y son personas capaces de memorizar hasta tan alto nivel como las zonas geográficas y los diversos tipos de destilados. Catar siete productos distintos y reconocerlos solo lo pueden hacer personas que están dedicadas íntegramente a ello.

I.S.: ¿Qué opina de que este concurso se deje de celebrar?

N.M.: Es una pena. Los que acuden a este tipo de concurso son sumilleres y es una gran oportunidad para entrar en contacto con las bodegas y con el vino. Pero, sobre todo, es un prestigio porque se obliga a la gente para que se forme. Era una competencia sana y ha dado mucho juego y mucha intensidad en mejorar las cartas de productos y la formación del sumiller de cara a la venta del vino. Cualquier restaurante, desde el más caro al más económico, debería tener la figura de la persona que conoce el vino, el sumiller. Más que nada porque vendemos gastronomía, pero en muchos restaurantes, por desgracia el conocimiento del vino es muy escaso. En Alicante, hace casi 15 años varios profesores de la UMH y alumnos de un curso del Centro de Turismo (CdT), decidimos constituir ASECA, una asociación donde se siguen formando a los mejores sumilleres de la provincia y eso se nota en el conocimiento y  servicio del vino.

I.S.: ¿Cómo ve la evolución de los vinos de Alicante?

N.M.: Alicante ha cambiado mucho. En el tiempo que lo conozco, los estándares de calidad de los vinos se han modificado al alza. Se están haciendo cosas muy buenas, competitivas en el mercado internacional, pero falta seguir mimando al cliente final. La calidad en el vino está y ha llegado con creces a estar entre los mejores del mundo. Un vino de Alicante tiene su personalidad, si bien puede gustar más o menos. No obstante, falta recuperar al consumidor, captarlo y enamorarlo. Haría falta que nuestros consumidores se enamorasen de nuestros vinos para que dejasen de estarlo de los vinos de Rioja o Ribera del Duero. Esto es un hándicap de las bodegas de Alicante. Hay algunas que lo están consiguiendo a partir de adaptar mucho sus producciones y otras que están reinventándose y haciendo vinos más bebibles y frescos. Por desgracia, quitando al público entendido, a mucha gente no le gustan los vinos de Alicante por la dificultad que entrañan al beberlos, si bien los hay muy comerciales.

I.S.: ¿Y no cree que es fruto del desconocimiento?

N.M.: Las bodegas, en general, no han captado al consumidor alicantino, no lo han enamorado con todos los vinos de su gama. Ha habido casos en los que sí, que la bodega ha conseguido lanzar un producto muy comercial y diferenciador, como el ejemplo del Cesilia Rosé de Heretat de Cesilia, que fue un vino pensado para la mujer, con una botella que las mujeres se llevaban a casa para usarla como jarrón; como los espumosos y el Marina Alta de  Bocopa, los dulces de Gutiérrez de la Vega, el Chardonnay de Enrique Mendoza, los sorprendentes tintos de Sierra Salinas, Carabibas y Mas de Sella y así algunos ejemplos más. Todos ellos son vinos que captaron al consumidor por determinadas razones y que marcaron diferencias. Pero estoy segura que al final todas las bodegas lo conseguirán. En Alicante, tenemos la tecnología, los enólogos, el clima y la uva, y se han conseguido vinos increíbles, pero queda por dar el paso hacia vinos que lleguen al consumidor de la provincia. De hecho, la mayoría del vino alicantino de alta gama se exporta. No se consumen ni en Alicante, ni en España. Lo hacen en Estados Unidos, Canadá, Japón, Suecia, Suiza. En lugares con poder adquisitivo alto. Es una pena que nuestros mejores vinos se disfruten fuera de nuestras fronteras. Obviamente, estupendo porque se venden, pero hay gente que conoce más vinos de calidad de la Rioja y  Ribera del Duero que de la provincia de Alicante. Es cierto que el consumidor de Alicante es complicado, pero deberíamos tener más vinos blancos y rosados de Alicante para que cuando estalla el calor en verano, tanto los que nos visitan como los alicantinos, tomaran esos vinos frescos. Somos una zona de tintos en invierno, pero en verano no se puede tomar un vino de 15 grados. Se debería tener una batería de vinos blancos y rosados lista para ofrecerlos y a un precio razonable, pero como sabemos no existe una varita mágica, se debe insistir en las labores de promoción, marketing y enoturismo porque realmente esas actividades son las que acercan el vino al consumidor.

Un vino elegante es aquel que ofrece su sensibilidad, está desnudo y se expresa

I.S.: Veo que confía en Alicante.

N.M.: El listón del vino en la provincia es alto en algunas de las bodegas, aunque a algunas todavía les falta mejorar. El nivel de estos vinos está un poco desequilibrado entre vinos de mucha calidad y otros a los que aún les falta. No culpo a los vinos, ni a los enólogos, sino al hecho de que en el campo todavía no se premia mucho al agricultor para tener uva de calidad.

I.S.: ¿Los agricultores son reticentes a los cambios?

N.M.: Un poco sí, pero la tendencia es a preservar la integridad del viñedo con respecto y pocos tratamientos como si fuera agricultura ecológica. Además se une el hecho de los agricultores llegan a edades en la que no tienen relevo generacional, ni obtienen rentabilidad por mantener sus viñedos y vender la uva y deciden abandonar el cultivo o dedicarle poco tiempo. Si no hay una motivación para que la gente viva de eso, abandonan la actividad. Eso repercute en que esa uva se transforma y su calidad en los vinos es acorde a la de su producción. Todo depende del precio del vino. Si se le pudiese pagar más a un agricultor, éste invertiría en tratamientos, en mano de obra y muchas otras cosas. Pero si la calidad de la materia prima es buena y  el precio no es adecuado, la gente abandona y la consecuencia es que se está transformando todo lo que se produce.

I.S.: Ha mencionado Cesilia Rosé de Heretat de Cesilia como un vino pensado para la mujer ¿Qué aportan las mujeres al mundo del vino?

N.M.: Tengo muy buenas alumnas y compañeras que hacen unos vinos fantásticos: elegantes, suaves, delicados y frescos. En ese sentido, la mujer ha dado un giro importante. Quizás antes se hacían vinos más de hombre, robustos, con estructura y serios. Pero la mujer le ha dado elegancia, sensualidad, suavidad y frescura. Es cierto que hay muy buenos vinos concebidos para mujeres y elaborados por hombres. El enólogo, durante el diseño del vino, ha de ser lo suficientemente sensible como para empatizar con los gustos de las personas a las que va destinado. Las mujeres han sido más empáticas y han hecho vinos para lo que tenía más demanda. Faltaba mucho vino fresco, suave, ligero, elegante y asequible. Y creo que las mujeres lo han aportado. Personalmente me gusta el vino con estructura, pero no a todas las mujeres les gusta. Para beber y disfrutar comparto normalmente el vino con amigas y en ocasiones tengo que adaptarme a sus preferencias, pero me adapto e intento que ellas disfruten del vino. Y también existen mujeres a las que no les gusta el vino, pero gracias a los nuevos vinos blancos y rosados, frescos y afrutados, están comenzando a tomarlo. Y si bien, los responsables de estos vinos no son solo mujeres, creo que han ayudado mucho a conseguirlos. Igual que con los vinos elegantes. Además han ayudado a traspasar barreras culturales porque en las generaciones anteriores, el vino era cosa de hombres. De los hombres que iban al bar. Pero hay algo muy evidente y es que en la mayoría de los casos la mujer es el vehículo más importante de las compras que entran a una casa,  por lo que captar los gustos de una mujer es asegurar el consumo de ese vino. Uno puede tomar vino solo, pero si no le gusta a tu pareja es un poco aburrido. Se capta a la persona que bebe vino contigo. En este caso, ganarse a la mujer, no solo como productora, sino como consumidora, ha sido muy importante para el mercado del vino.

I.S.: Está de acuerdo con la afirmación de la Master of Wine Jancis Robinson sobre que las mujeres tienen más capacidades y llegan más al fondo a la hora de catar un vino.

N.M.: Lo confirmo en cuanto a la sensibilidad de la mujer. Quizás por ese sentido especial que tenemos somos capaces de hurgar más en el vino y extraer más información. Y creo que es por nuestra naturaleza curiosa. Pero también es cierto que hay muy buenos enólogos. Hay algo en lo que no estoy de acuerdo con Jancis Robinson y es en  que avale el organizar eventos solamente para mujeres. Las catas separadas me disgustan. He hecho catas solo para mujeres y me parecen mucho más divertidas cuando se hacen con hombres también. Me gusta compartir y tener las dos opiniones. Entre las parejas se busca un punto intermedio y es más fácil sensibilizar a una parte con la otra. No soy partidaria de hacer vino de hombres y de mujeres. Hay que hacer vinos que gusten a la pareja. Creo en un vino tinto que sea capaz de recoger la esencia de la suavidad, la textura y la estructura de un vino que a una mujer le pueda gustar. No se trata de hacer vino solo para mujeres, sino que a un vino existente se le reduzca la robustez para adaptarlo a los gustos de una mujer.

LBA Nuria Martí 06
En opinión de Nuría Martí, el hecho de ganarse a la mujer como productora y consumidora ha sido muy importante para el mercado del vino. /LBA

I.S.: Jancis Robinson está dentro del grupo de prescriptores del mundo del vino. ¿Qué opina sobre el papel de estas personas?

N.M.: En algunas ocasiones, esos gurús han ayudado a que el mundo conociese variedades y zonas geográficas de España que hasta entonces eran desconocidas. Por ejemplo, la Monastrell de Alicante, Bullas, Jumilla y Yecla fue proyectada a nivel internacional gracias a ellos, pero en general no me parece justo que, porque a una sola persona un vino le parezca maravilloso, condicione al resto de mortales para que lo compre hasta agotar existencias. Y entonces muchas veces nos hemos preguntado: y si al año siguiente el vino no recibe de nuevo los 98 puntos ¿qué hacemos?, ¿despedimos al enólogo?, ¿cerramos o qué?, porque el jefe pregunta, ¿por qué el año pasado sí y este no?, y en ocasiones ahí empieza una larga cadena de conflictos. También, esos mismos prescriptores nos llevaron hace años a hacer vinos algo imbebibles, con muchos puntos, con mucha concentración de todo, pero con una estructura y carga fenólica que ni 10 años de botella pudieron suavizar. Afortunadamente la tendencia actual son vinos más frescos, más agradables y bebibles, más cercanos al consumidor y no tanto al prescriptor. Y es que, como me gusta decir, el vino se bebe, no se mastica. Hemos cambiado nuestra filosofía de elaboración mirando a las grandes zonas productoras. Un vino francés o californiano de calidad nunca ha tenido mucha capa, ni intensidad, ni ha sido rudo. Siempre ha sido un vino muy equilibrado en acidez y con un paso por boca muy elegante. Desde hace unos años España está en un summum cualitativo porque antes se hacían vinos muy robustos de cara a obtener muchos puntos, aunque es cierto que siempre hubo bodegas ajenas a modas que se distinguían por sus vinos elegantes, pero ahora se hacen vinos frescos y más cercanos al consumidor. Esta circunstancia hace que el sector se esté dinamizando. Cuando me encuentro con alumnos de grado veinteañeros, su primera reacción al catar un tinto es ser reacio a continuar catando. El vino es complejo, tiene estructura y puede estar amargo o astringente, y están muy acostumbrados a bebidas azucaradas muy sencillas. Entonces hacer vinos más fácilmente bebibles con menos alcohol, más equilibrados, menos estructura y más aromáticos y fructuosos, tal vez está empezando a enganchar a más gente.

I.S.: ¿Qué significa para usted la elegancia de un vino?

N.M.: La elegancia no es una etiqueta bonita o un vestido de marca. Es más como una persona. Entonces, una persona puede ser elegante sin tener a su alcance una gran fachada externa, sino por como es, por lo que tiene o por cómo se expresa. En el vino es igual. Un vino elegante es aquel que, tras quitarle todo el envoltorio, te ofrece su sensibilidad, está desnudo y se expresa. Así pues, un vino elegante no es ostentoso a la vista. Si bien es cierto que el primer filtro que suele pasar es la etiqueta en la botella. Pero no se puede hablar de elegancia hasta que uno no experimenta las sensaciones que le transmite su contenido. Un vino elegante no grita mucho, pero tiene que marcar su estructura y defender sus cualidades. Ser complejo y ligero, sin ser potente ni soso. Es decir que ha de tener personalidad y ser un conjunto armonioso y, gracias a ello, uno puede hablar gratamente de él durante mucho tiempo. Simplemente, enamora. Elegante y aterciopelado son adjetivos que nacen de forma innata. Y no tiene por qué ser caro. Con dinero se puede intentar ser elegante, pero luego las acciones pueden demostrar que esa elegancia no es natural. El vino ha de cumplir con las expectativas. La elegancia es un cúmulo de circunstancias que obviamente pasan por una etiqueta bonita y sencilla, pero que es traspasada por el alma del vino. Es una sensación muy placentera, que seduce  y que no todos los vinos producen.

I.S.: ¿Cuándo toma un vino sabe desconectar de sus conocimientos?

N.M.: Me gustaría, pero no puedo. Tengo un chip de trazabilidad instantánea. No sé tomar un vino para saciar la sed. Hay veces que la gente me ve triste o preocupada, agitando una copa durante una comida, y piensan que me pasa algo. Es el vino. El vino, al trabajar con él, me carga de responsabilidad. La siento y la asumo. Y si me equivoco y el vino no alcanza las expectativas que tenía puestas en él, me fastidia y no dejo de pensar el por qué ha pasado. Me cuesta mucho devolver una botella de vino. Solo lo hago si tiene un defecto. Me preocupan mucho las sensaciones que transmite. Entonces, para mí es muy importante, cuando se disfruta de un vino, observar las reacciones de la gente. Sobre todo sentada a una mesa. Tengo una experiencia profesional modesta, pero mis mejores negocios se han cerrado sentada en una mesa y con una buena botella de vino. Me parece que el vino es una integración social. Algo necesario. Y no entiendo que alguien vaya a un restaurante pida un plato de 25 euros y se lo tome con un refresco. No lo concibo. Tal vez sea radical, pero para maridar con un plato no se puede tomar un refresco, sobre todo, con la cantidad de productos que hay. Esta sensibilidad solo la tenemos las personas que nos dedicamos a esto. En casa tengo vino de todos los tipos desde 1,5 euros hasta de 100, e intento beber todos los días. Mucha gente dice que no hay vino bueno para todos los días, pero sí que lo hay. Hay cosas interesantes. Hay bodegas y cooperativas en Alicante que hacen unos bag-in-box  y vinos estupendos que te permiten maridar con tu cena modesta de todas las noches. Claro cuanto mayor es el precio del vino, mayor es la recompensa, pero hay que buscar ocasiones especiales y entonces invertir un poquito más en los vinos. Al igual que en la comida o es qué todos los días uno come quisquillas o jamón ibérico Cinco Jotas.

I.S.: ¿Y sus amigos le dejan desconectar?

N.M.: Mis amigos me obligan a pedir el vino, aunque trato de preguntar y hacerles partícipes de la elección. No hace mucho estuve con unos amigos en un restaurante y quise pedir un vino de Alicante. Ese día quería introducirlos en la cultura del vino de la provincia. Pedimos una botella y tuvimos que devolverla porque estaba muy evolucionada, quizá por mala conservación. La representatividad era tan escasa que con mucha pena me tocó pedir un Ribera del Duero. Me molestó mucho. Intentaba que mis amigos disfrutasen del entorno, a la vez que promocionar la cultura, y me fallaron los vinos. A veces pasa. Y lo peor es que hay vinos estupendos de Alicante que no llegan a los restaurantes, ni al consumidor. De Alicante solo llegan vinos muy buenos a un precio elevado por lo que a la gente le cuesta superar esa barrera. Es muy curioso porque prefieren pagar 20 euros por un Ribera del Duero, pero no por un vino de Alicante. En ese sentido, el precio debe ser siempre equiparable a la calidad del vino. La cuestión es que esa calidad satisfaga con el precio pagado. Entonces hay vinos de Alicante que me satisfacen mucho y pagaría por ellos más de lo que cuestan, pero hay otros que no llegan a la calidad del precio marcado. En Alicante hay altibajos que confunden. Y no porque el vino se venda caro va a traspasar fronteras, sino que los precios se ponen ajustados a las producciones que hay. La rentabilidad económica de una bodega pequeña de Alicante obliga a que el precio sea alto. Hay que tener en cuenta que el poder adquisitivo de cada uno hace que se compren los vinos de un determinado rango de precios, pero tienen que satisfacer igualmente si se paga 5, 10, 100 o 1.500 euros.

LEA LA PRIMERA PARTE DE ESTA ENTREVISTA:

Nuria Martí, enóloga e investigadora: “En España se ha perdido la cadena de transmisión de la cultura del vino” (I)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s