Francia, un modelo para vincular el vino al origen

El curso de perfeccionamiento Vinos y Viñedos de Francia de la UMH repasa el modelo francés de las denominaciones de origen a través de sus zonas vitícolas

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El profesor David López Lluch, en la imagen con los alumnos durante una de las sesiones de cata, mostró a través de los vinos las distintas regiones vinícolas de Francia. /LBA

Iza Święcicka

Las comparaciones son odiosas. Pero en ocasiones es la única forma de aprender. Según los datos de la Agencia Tributaria, analizados por el Observatorio Español del Mercado del Vino, España se ha convertido en el mayor exportador de vino del mundo por volumen de litros vendidos, por delante de Italia, Francia, Chile, Australia y Sudáfrica. En el periodo interanual entre septiembre de 2013 y de 2014, las bodegas españolas vendieron un total de 2.168,6 millones de litros, lo que representa un aumento del 19,9%, en comparación a la competencia italiana, la cual exportó, en ese mismo periodo, 2.035 millones de litros, un 1,7% menos. Una situación que no debe de sorprender ya que España posee la superficie de viñedo más grande del mundo, unas 950.541 hectáreas.

Sin embargo, estos datos también reflejan otra realidad. Aunque Francia se ha consolidado en la tercera posición por volumen, destaca como líder por el valor de las exportaciones, muy por delante tanto de las italianas como de las españolas. Las bodegas francesas alcanzaron en el periodo de doce meses, hasta septiembre de 2014, un volumen de ingresos en los mercados internacionales de 7.673,5 millones de euros, frente a los 5.087,4 millones de Italia y los 2.524 millones de España. Lo que en el caso español significa tres veces menos que en el del país vecino. Una realidad que abruma.

Durante el curso de perfeccionamiento Vinos y Viñedos de Francia, dirigido a los alumnos del Máster Universitario en Viticultura y Enología impartido en la Escuela Politécnica Superior de Orihuela de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, David Bernardo López Lluch, ingeniero agrónomo y profesor de la asignatura Vinos del Mundo, analizó las claves del éxito de la viticultura francesa. Entre ellos, el sistema de escaleras, en el cual se basan las denominaciones de origen francesas Appellation d’Origine Contrôlée (AOC), que vincula el vino a su origen.

Una norma para controlar y proteger

Como explicó el profesor, las denominaciones de origen surgieron en respuesta a la inundación de vinos fraudulentos y adulterados que era posible encontrar en Francia durante e inmediatamente después de la crisis de la filoxera. Los primeros intentos para hacer frente a este problema culminaron en 1923, cuando Châteauneuf-du-Pape estableció un conjunto de normas muy rigurosas para el control de la viticultura y de la vinificación. Como pioneros de las AOC se consideran al barón Pierre Le Roy de Boiseaumarié, vinicultor y jurista de Châteauneuf-du-Pape, y al ministro de Agricultura Joseph Capus, quienes consiguen en 1936 las primeras cuatro AOC oficiales controladas y protegidas por el Estado: la región de Cognac y los pueblos de Arbois en el Jura, Châteauneuf-du-Pape, Tavel y Cassis en el sur de Francia.

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Uno de los vinos catados fue un vino de Châteauneuf-du-Pape, una región que en 1923 ya estableció un conjunto de normas para el control de la viticultura y de la vinificación. /LBA

En base al Decreto-Ley de 30 de julio de 1935 fueron creadas las denominaciones de origen tal como se las entiende hoy, además de la fundación del Instituto Nacional de las Denominaciones de Origen. Como apuntó David Lopéz Lluch, en aquel momento, se consideró que la reputación de la región y el carácter de sus vinos sólo podían ser totalmente protegidos estableciendo estos estrictos controles. Este conjunto de normas proporcionó el modelo para todas las demás denominaciones de origen. En cuanto al sistema de denominaciones de origen protegidas en España, el profesor destacó, que no es el momento de eliminar ni de menospreciarlas, sino de desarrollarlas como herramienta para vincular el vino a su origen y cumpliendo unos requisitos de calidad tanto objetiva como subjetivamente.

Francia versus España

Esta premisa relaciona también el vino con la gastronomía local, una de las asignaturas pendientes en muchas regiones de España. Como ejemplificó Marina Blanco Soriano, tecnóloga de alimentos, “en el interior de Valencia, donde vivo, el vino no está asociado con la gastronomía. En los restaurantes no hay vinos autóctonos, sino que se sirven de otras zonas. Con la cantidad de vinos que hay en la provincia, sería interesante promoverlos y empezar a ponerlos en los restaurantes a precios asequibles”.

Por su parte, como reseñó Concha Atance Alba, viticultora e ingeniera agrónoma, en España hay vinos de calidad similar a los franceses, que no tienen precios tan desorbitados. “Es cierto que hay cierta exclusividad en ello y si lo pueden cobrar y se lo pagan, hacen muy bien. En este sentido, nos queda mucho camino por recorrer. No obstante, tenemos calidad y tenemos el clima, el suelo y la tecnología para conseguirlo”, valoró la viticultora. “En temas de tecnificación, nuestras bodegas están a la altura de cualquier otra bodega y pueden competir en cuanto a calidad con cualquier otra del mundo, de similares características”, señaló Jaime Villena Ferrer, viticultor y miembro de consejo rector de la bodega Vinícola de Tomelloso.

No obstante, a pesar de su potencial tecnológico, a España le quedan varias asignaturas pendientes, entre ellas, el marketing, la comercialización, el enoturismo y la cultura del vino. Como apuntó Juan José Pajares, ingeniero técnico agrícola de Bodegas del Rosario de Bullas, en Francia el vino está presente durante todo el año en cualquier tipo de acto, celebración o fiesta. “Nosotros, incluso en los pueblos y en las muchas zonas en España donde se cultiva y se hace vino, no tenemos ni esa esa inquietud ni esa cultura del vino, algo que es envidiable”, detalló Juan José Pajares.

Según las cifras de consumo mundial del ICEX, durante el año 2013 en Francia se consumieron 28,2 millones de litros de vino, frente a los 9,1 de España. Por tanto, difundir la cultura del vino se convirtió en una necesidad para los bodegueros. Como destacó Jaime Villena Ferrer, cada año se incrementa el número de iniciativas para acercar la gente, sobre todo la joven, al mundo del vino. “Recientemente se ha celebrado en La Mancha la II Cumbre del Vino y, en breve, Fenavin. Apostar por estas ferias y promociones es introducir lo que, desde hace mucho tiempo, se hace prácticamente en todas las regiones de Francia. Tanto en el Loira como en Champagne, hay una tradición que nosotros también tenemos, pero no la valoramos”, manifestó el bodeguero.

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Una de las participantes en el curso durante un instante de una de las catas realizadas. /LBA

En cuanto al enoturismo, Juan José Pajares, resaltó que uno de sus pilares, como es el patrimonio histórico y paisajístico, no se supo preservar en todas las regiones españolas. “En el curso vimos paisajes y pueblos medievales con calles empedradas, que demuestran el respeto que hay en Francia por la arquitectura de hace siglos, cosa que en muchos de nuestros pueblos se ha perdido. No hemos sido lo suficientemente inteligentes como para conservarlo y luego valorizarlo”, argumentó el ingeniero técnico agrícola. Aunque, como agregó, “se puede aprender a la hora de establecer, dentro de nuestras posibilidades, unas rutas para visitar las bodegas, volver a resucitar la cultura del vino y que la gente sienta interés por lo que se está haciendo en la tierra”.

En comparación, el pasado año el Senado francés declaró por unanimidad al vino, a los viñedos y a los territorios vitícolas como parte del patrimonio cultural, gastronómico y paisajístico nacional, para reconocer la contribución del vino en la difusión del nombre del país por todo el mundo y su aporte a la economía nacional. La industria vinícola aporta anualmente más de mil millones de euros al PIB francés y en 2011 generó un superávit comercial de 6,5 millones de euros. Si bien, nada de esto sería posible, sin los viticultores. En el caso de Francia, como destaca el profesor David López Lluch, el origen del producto aporta valor al agricultor que lo cultiva.

Pero, como alertó Juan José Pajares, en España hay pocos viticultores jóvenes con intención de seguir cultivando la viña debido a su falta de rentabilidad. “Los que trabajamos en las bodegas olvidamos que, para tener un buen vino, hace falta alguien fijado al territorio que cultive uva de calidad, crea en el proyecto y que, además, pueda ganarse la vida”, explicó el ingeniero técnico agrícola. Es fundamental solucionar esta situación porque no se puede crear a un buen viticultor de la nada, sino que proviene de la transmisión de conocimientos generación tras generación. “Si ese aprendizaje desaparece, como en muchos casos está ocurriendo, se perderá nuestra cultura de la viña y el problema se hará irreversible”, concluyó Juan José Pajares.

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Entre los vinos catados, los estudiantes destacaron los alsaciano por su amplio abanico aromático que proviene del empleo de diversas variedades como Riesling, Gewürztraminer, Pinot Gris o Muscat. /LBA

Además, los participantes en el curso profundizaron sus conocimientos sobre las regiones vitivinícolas, las variedades, las formas de elaboración, los vinos y su maridaje. Como evaluó Juan José Pajares,ha sido un curso muy enriquecedor porque hemos ido conociendo una por una las regiones de un mundo tan complejo como es el vino en Francia. He descubierto infinidad de variedades que desconocía, procesos de elaboración muy interesantes y sensaciones a la hora de catar que han sido un descubrimiento muy agradable”.

Entre los vinos, los estudiantes destacaron los vinos de Alsacia. Como apuntó Marina Blanco, no son los típicos vinos blancos de la zona de Alicante, sino que son muy ácidos. “De esa zona también me sorprendió mucho como cambian los aromas de un vino a otro. Y luego en boca me gustaron todos”, destacó la tecnóloga de alimentación. Concha Atance, también destacó las elaboraciones alsacianas a base de Gewürztraminer. Además, destacó los vinos de Champagne y los de Provenza, éstos últimos “por lo mucho que se parecen a los nuestros”.

Por su parte, Juan José Pajares, apuntó que le han sorprendido más los vinos blancos que los tintos. “En los tintos, quizás por estar más acostumbrado a la Monastrell, esperaba algo distinto. Para los vinos de Borgoña, por ejemplo, creo que necesitaría tener más desarrollo como catador para aprender a valorarlos. En cualquier caso, muy interesantes. De blancos, me han gustado mucho los vinos de Sauternes. Y, como no, un buen Champagne que ha sido una forma estupenda de cerrar el curso”, señaló el ingeniero técnico agrícola de Bodegas del Rosario en Bullas.

El seminario ha puesto de manifiesto que el ejemplo de Francia puede servir para que el sector vitivinícola español allane su propio camino hacia el éxito en el mundo del vino.

IMÁGENES DEL CURSO

Una mujer, un vino

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En el centro, detalle de la etiqueta de una botella de Vino Dulce para Señoras de la bodega Luis Barceló de Málaga, en el Museo de Esteban de la Rosa en El Campello. /LBA

 Iza Święcicka

“En la época de la primera Constitución española, la Pepa de 1812, de la cual ya hace más de doscientos años, las mujeres no podían ni votar, ni entrar en el Congreso. Sin embargo, algo comenzó a cambiar en cuanto al tema del vino y de la mujer porque apareció un vino dulce para mujeres, si bien no sería hasta finales del siglo XIX cuando empezó a hacerse patente el cambio en la relación de las mujeres con el vino”, relata Esteban de la Rosa, gran conocedor de la historia del vino y propietario de la vinoteca-museo Bodegas Selección en El Campello (Alicante), mostrando uno de sus tesoros, una botella de vino de la década de 1800 etiquetada como “Vino Dulce para Señoras”.

La sociedad patriarcal ofrece roles diferentes para mujeres y hombres. Para el mundo femenino queda reservado el ámbito doméstico y familiar, mientras que para el masculino, el público. En su artículo La mujer y el vino en la literatura: historia de un desencuentro, María Rosa Nadales, escritora y académica de la Universidad de Córdoba, destaca la distinta consideración de la borrachera cuando se trata de una mujer. Según los testimonios citados por la profesora, el vino no sólo se apodera del carácter, sino también de la sexualidad de la mujer. Esta situación no solo pone en peligro su honra, sino también, y sobre todo, la de su marido. Como apunta un refrán popular, “mujer vinosa, mujer lujuriosa”.

La creación de un “Vino Dulce para Señoras” significa, para las mujeres, la conquista del espacio público y el camino hacia su emancipación. Como destaca Esteban de la Rosa, este vino se creó para que las mujeres pudieran tomarlo en los bares, ya que tomar cualquier otro estaba mal visto y no se lo servían. “Al principio, las mujeres no podían entrar en los bares en España, ni con los hombres. Después se les permitió el acceso, pero no podían beber. Finalmente, se elaboró este vino dulce para que las mujeres bebieran”, cuenta el propietario de Bodegas Selección.

El mito del sabor dulce

La botella que data del año 1800 se elaboró  para que las mujeres pudieran beber en los bares puesto que cualquier otra bebida les estaba prohibida. /LBA

La botella que data de principios del siglo XIX se elaboró para que las mujeres pudieran beber en los bares puesto que cualquier otro vino les estaba prohibido. /LBA

Además, esta botella no solo testifica la entrada de las mujeres al mundo del vino como consumidoras, sino que también explica la aparición del mito de que las mujeres prefieren los vinos blancos y dulces. “Se dice que el vino es para mujeres porque es dulce, pero no tiene nada que ver con la condición de ser hombre o mujer. Cualquier persona cuando ha empezado a tomar vinos, lo ha hecho por los más dulces”, destaca Esteban de la Rosa. En su libro Historia del vino, José Peñín apunta que el sabor dulce es el primero que las personas aceptan después de nacer y una de las posibilidades por la cual el zumo de la uva atrajo la atención del ser humano para cultivar la vid y elaborar el vino.

No obstante, el paladar humano evoluciona y aprende a disfrutar de otros sabores. Como matiza el propietario de Bodegas Selección, conforme las personas van entendiendo de vino, prefieren los vinos más secos, tanto hombres como mujeres. “Lo que sucede es que como las mujeres entraron más tarde en el vino, todavía hay más mujeres que les van los dulces, pero solo por falta de práctica, no por el hecho de ser mujer. El hombre lleva más tiempo con el vino y ya ha pasado ese escalón del dulce, semi dulce y brut. Está más adelantado. Pero una mujer que lleve unos años en el mundo del vino, bebe lo mismo”, asegura Esteban de la Rosa.

Y, aunque los informes no recogen datos que relacionen el tiempo de consumo de vino de la mujer con el tipo de vino que consume, sí que marcan una tendencia que relaciona el consumo de vino tinto a diario con la edad de la consumidora: a mayor edad, mayor consumo. Según el estudio La mujer y el vino en España del Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMv) realizado por Datavin, un 5% de las mujeres menores de 25 años lo consume a diario frente a un 50% de las consumidoras con más de 65 años. Además, este informe apunta que el vino tinto es el preferido por las mujeres, ya que seis de cada 10 mujeres lo toman al menos una vez a la semana y, tan sólo, una de cada 10 lo rechaza. Como confiesa Belén López, profesora de industria alimentaria y consumidora de vino diariamente desde hace seis años, “me gusta más el vino tinto y, sobre todo, la variedad Monastrell por su intensidad aromática. Me atrae mucho más que los vinos blancos o rosados porque, en general, estos me saben muy suaves y con poca intensidad. Estoy acostumbrada a los tintos que son más fuertes.”

Gustos personales

Según el mismo estudio, el consumo de vino blanco o rosado en mujeres es aproximadamente un 3% más elevado que en hombres. Un 40% de las mujeres toma vino blanco una vez al mes, un 33% rosado. Para las consumidoras menos experimentadas, como se describe a sí misma la ingeniera técnica Nuria Poveda la cual tomaba vinos esporádicamente desde hace 10 años, pero que desde hace uno lo hace de una manera más habitual, los vinos blancos y rosados son la primera opción. “En los blancos me gusta que se note el dulzor y que sean afrutados para que tengan un buen beber. Por ejemplo, el K-Naia de la DO Rueda es muy suave de beber y también los vinos austriacos como el Jurtschitsch elaborados con Grüner Veltliner”, cita ejemplificando sus preferencias Nuria Poveda.

Por su parte, la ingeniera agrónoma Juana Reche no tiene una preferencia marcada por un tipo de vino, sino que destaca la calidad y el equilibrio en los vinos tintos, y el color en los blancos y rosados.  “En cuanto a tintos, me gusta tomar siempre los de calidad, entendiendo ésta como que no me produzcan dolor de cabeza  y que tengan un buen sabor, ni a mucha madera ni a mucha fruta, sino equilibrados. Sin embargo, en los vinos blancos y rosados me fijo en el color. Cuanto más pálido, el vino me resulta más llamativo y es más ligero a la hora de beberlo, sobre todo, si no tiene mucho grado alcohólico.  Ahora bien si tiene aromas muy fuertes, me rechaza”, matiza Juana Reche.

De izq. a dcha., Nuria Poveda, Juana Reche, Belén López y Julia Gómez demuestran la heterogeneidad en cuanto a sus preferencias en el mundo del vino. /LBA

De izq. a dcha., Nuria Poveda, Juana Reche, Belén López y Julia Gómez demuestran la heterogeneidad en cuanto a sus preferencias en el mundo del vino. /LBA

Además, como destaca el informe el momento de consumo más utilizado para tomar vino es con las comidas, tanto fuera de casa como en ella. Para Nuria Poveda, el tipo del vino que toma depende de los alimentos que se consuman. “Si tomas carne como secreto ibérico o cosas así, un tinto de crianza pega mucho. Pero para pescados o pasta, con vino blanco o rosado siempre mejor”, declara la ingeniera técnica.

Con su opinión, coincide la bióloga Julia Gómez quien apunta que elige el vino según la situación. Para ella, “durante el aperitivo, un vino blanco fresco y joven, va muy bien, mientras que prefiere los tintos jóvenes a la hora de comer o de tomar un vino a media tarde. Si tienen algo de barrica, perfecto porque ese sabor a madera y a vainilla, más dulce, me llama mucho la atención. Estos vinos no son pesados, se dejan beber y si se combinan con algo de comida estamos ante la situación ideal”.

El filósofo chino Confucio dijo que un viaje de mil millas comienza por el primer paso.  En el caso de las mujeres y el vino, éste ya está dado. Como afirma el sumiller internacional David Doñate en su artículo La mujer completa el mundo del vino, “las mujeres han irrumpido con fuerza y afortunadamente para quedarse. Ahora hombres y mujeres, al unísono, compartirán y disfrutarán las experiencias que proporcionan el vino y su entorno”. El mundo del vino ofrece un abanico de posibilidades: vinos blancos, rosados, tintos; espumosos o tranquilos, dulces, secos; sin crianza y con crianza, envejecidos en barricas, en tinajas o simplemente en botella. Las mujeres ya saben disfrutar y apreciar esta heterogeneidad. Y, como bromea Esteban de la Rosa, “en la actualidad hay bares donde no se permite la entrada de hombres. ¡Fíjate si ha cambiado la cosa!”.

El enoturismo, experiencias y cultura entre viñedos

La combinación del vino con el patrimonio cultural de las zonas vitícolas es una

La combinación del vino con el patrimonio cultural de las zonas vitícolas es una forma de impulsar el atractivo del turismo rural. /LBA

Texto: Iza Święcicka; Fotografías: J.V. Rodríguez

Aunque en sus inicios el enoturismo no se denominaba así, coincide con la propia cultura del vino desde sus orígenes. “La cultura del vino siempre ha sido clave, desde los romanos que plantaban viñas bonitas al pie de las calzadas o cuando éstos iban a visitar alguien de la nobleza. Las viñas se usaban como motivo decorativo y de poder”, apunta Eladio Araiz, director general del Club de Marketing de la Rioja.

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Rafael del Rey, director del Observatorio Español del Mercado del Vino: “La internacionalización es un viaje sin retorno”

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Texto: Iza Święcicka; Fotografías cedidas por Rafael del Rey

Rafael del Rey Salgado (Madrid, 1963) es director general de la Fundación Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMv), una institución dedicada a la elaboración de informes y estadísticas sobre el sector vitícola. Es licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. Su aventura profesional con el mundo del vino empezó a mediados de los noventa, cuando pasó a dirigir la Agrupación de Artesanos y Bodegueros de La Rioja (ARBOR) ubicada en Logroño. Desde 2001 y hasta 2008 dirigió la Federación Española del Vino (FEV). Según del Rey, la exportación es el futuro del sector.La tendencia de la internacionalización de nuestros vinos es imparable, extraordinaria y masiva”, asegura el director general del OeMv.

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El mercado chino del vino español

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El mercado chino de nivel medio o alto quiere probar todo tipo de vinos y a estas personas les gusta catar y reflexionar sobre ello. /LBA

Texto: Iza Święcicka

El vino español en China cotiza al alza, a pesar de la pérdida de un 40% de venta en 2013, según un informe de Wines of Spain. “Cuando empezamos a trabajar solo había una empresa de Barcelona, el Grupo Torres, vendiendo vino español allí. Los demás solo trabajaban con vino francés, australiano o chileno. Desde que iniciamos nuestra actividad en 2008 han comenzado a surgir nuevas empresas para trabajar con vino español. Por tanto, el mercado de está en auge, pero poco a poco”, declara Lin Jie, exportador de vino español a China.

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Exportación de vinos, ¡sí o sí!

Imagen de Prowein, una de las feria más importantes dedicada al mundo del vino, que es un escaparate para la exportación. /requena.tv

Imagen de Prowein, una de las feria más importantes dedicada al mundo del vino, un escaparate para la exportación. /requena.tv

Texto: Iza Święcicka

Según un informe de Wines from Spain, el volumen de las exportaciones de vino y mosto alcanzó en el año 2013 la cifra de casi 9.852 millones de litros, lo que se reflejó en un importe global por valor de 25.767 millones de euros. “Los datos son positivos, porque se está ganando en valor. Pese a descender el volumen total de ventas, se ha facturado más”, comenta Eladio Araiz Iñiguez, director general del Club de Marketing de La Rioja, institución que tiene como objetivo el desarrollo económico de esta región. Con estos datos, el valor del mercado vitícola ha crecido un 1,4 % respecto a 2012.

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